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Dos años tomándonos el mundo

November 8th, 2008

Este blog cumplió tres años, el Vlog-Internacional dos. Este blog no celebró su aniversario, el Vlog-Internacional sí.

Un saludo a todos mis compañeros de tan maravilloso proyecto.

Yo, y la derrota de Obama

October 29th, 2008

La lista

October 25th, 2008

Mantener el trabajo en la compañía que me trajo a Estados Unidos, la que tantas alegrías y satisfacciones me ha dejado, la que tanto me ha enseñado de la vida, de la profesión y de mí mismo, de lo que soy capaz y de lo que no, de lo que sé y de lo que debo aprender, esa compañía que hace unos meses se propuso hacerse líder del mercado local y desde entonces se agita y convulsiona, muta y se sacude, salta y corcovea como un potro salvaje del que me aferro con todas las fuerzas para no caer y que en su frenesí avanza y retrocede, resbala, vuelve a avanzar y trepa la cuesta, conmigo encima. Mantener mi empresa a flote, la que defino y quiero como a otro hijo. Bueno, mi empresa hace años aprendió a flotar, la tarea más bien se centra en alimentarla para que siga creciendo. Alimentarla de ideas frescas, de gente nueva, buena y productiva, de gente alegre y dispuesta, de gente que no permita que nada se anteponga entre ella y sus sueños, de gente que jamás se anteponga entre los demás y sus propios sueños, de gente sincera, honesta y limpia, de gente paciente pero expectante, serena pero insaciable. Alimentarla de buen ánimo, de excelente actitud, de compromiso y rigor profesional, de pulcritud, dedicación y esfuerzo, de clientes exigentes y satisfechos, de proyectos y retos. Quiero dinero, mucho dinero, lo digo honestamente, me encanta la vil plata como le encanta a todo ser humano y el que lo niegue es un mentiroso, trabajo catorce horas del día para conseguirla y no veo la hora de tenerla por montones para despilfarrarla con los seres que amo e inundarlos de tranquilidad, para que puedan dedicar más tiempo a satisfacerse a sí mismos y menos a congraciar a los demás, para que nunca más tengan noches de desvelo y de maldita preocupación. Mi empresa, que es mitad mía y mitad de esa persona que a la vez es mi mitad, me tiene que ayudar a reunirla. Quiero estudiar mucho, aprender por montones, debo presentar un examen a final de año y necesito aprobarlo para obtener una acreditación LEED-CI y volverme parte de esa parte del mundo que se quema las neuronas para que el planeta deje de ser el basurero en el que se convirtió por culpa de nuestros abuelos, nuestros papás y nosotros mismos. Que el LEED es un negocio, critican algunos. Por supuesto que lo es, y qué bueno que lo sea, no tendría futuro de otra manera. Por lo demás, tras siglos y siglos de despotismo religioso y político, ya era hora que una verdadera buena causa se volviera fuente de riqueza. Me siento en el deber moral de ser honesto nuevamente y confesar que no extraño particularmente mi país. No extraño sus paisajes y sus montañas tanto como los extrañé en otros momentos de mi vida. He logrado sobrevivir sin la morcilla, los fríjoles antioqueños y la mazorca salada que tanto me gustaban. La Colombiana y la papa criolla perdieron su encanto cuando supe que se conseguían acá y ya me son indiferentes. Algo parecido me ocurrió con el Chocorramo y los Coffee Delight. La taza de café colombiano que me tomo en la oficina cada mañana no sabe mejor o peor que cualquier café que haya probado en Bogotá, pero sí puedo decir que la maquinita que lo prepara se tarda cinco minutos menos en tenérmelo listo que mi cafetera de allá, y además me deja una deliciosa capa de espuma en la superficie con la que juego entre sorbo y sorbo. Extraño las hamburguesas de El Corral, pero no lo suficiente como para tomar un avión. Pero la ausencia de mis padres, en cambio, se siente como mil agujas que me atraviesan el corazón, cada una un millón de veces por segundo. Las he contado. Por ellos, sólo por ellos (y bueno, está bien, para no sonar apátrida diré que también por los paisajes, las montañas y todo lo demas) sé que voy a volver pronto, así sea por un tiempo. Pero quiero volver con otra cara, con otra actitud y en circunstancias muy diferentes, para poder mirar por encima del hombro a quienes desde el suyo me miraron alguna vez.

- “¿Crees que voy a poder con todo esto, mamá?”

- “No lo dudo ni por un instante”, me contesta ella.

Cuelgo el teléfono, y sigo trabajando.

Uniendo mis puntos

September 28th, 2008

Hace unos años alquilé una película, “Pay it forward” (su título en español es “Cadena de favores”), y aunque poco recuerdo de sus detalles argumentales, la idea principlal de la cinta, aquella de retribuir y transmitir lo bueno que nos pasa y recibimos de los demás, ha dado vueltas en mi mente desde entonces. En un comentario registrado en mi entrada anterior, Juan me recomendó un vídeo que según él me sería de utilidad en este momento de mi vida. Y sí que lo ha sido, al punto que quiero extender la “cadena” y hacerle llegar el mensaje a quien pueda necesitarlo o a quien simplemente quiera recordar cuál es el verdadero sentido de su existencia. Por eso me puse en la tarea de buscar el vídeo con subtítulos, porque me interesa que algunas personas que quiero y que no son muy buenas con el inglés lo vean y aprendan de él. Descargué y traté de unir las dos partes en una sola, pero YouTube no me lo dejó publicar porque excede la duración máxima permitida.

Esta es la forma en la que deseo expresar mi agradecimiento no sólo a Juan, por compartir conmigo esta lección de vida y acercarme un poco más al Señor Jobs, sino a todos los que de una manera u otra han estado presentes ahora y siempre.

Disfruten.

Ahí vamos…

September 23rd, 2008

Si me lo preguntan, puedo confesar abiertamente que éste por el que atravieso no es, ni mucho menos, el mejor momento de mi vida. Pero aunque todo pareciera predestinado a indicarlo, me rehuso a aceptar que las cosas están tan mal. Sí, es cierto, a mi papá le diagnosticaron cáncer. Sí, es cierto, esta empresa por la que tanto he luchado pasa por el más duro trance de sus siete años de vida. Sí, es cierto, personas en las que confié me atacan en un momento en que no puedo defenderme, o puedo, pero no con la contundencia que quisiera. Sí, es cierto, un huracán del tamaño de Colombia nos pasó por encima y tuvimos que dormir debajo de una escalera mientras el viento y la lluvia levantaban techos, tumbaban árboles y aplastaban carros a nuestro alrededor. Todo esto ha pasado en menos de un mes. Pero aquí sigo, vivito y coleando, con los dientes más afilados que nunca, dispuesto a dar la guerra y a ganar o morir en esta batalla de la vida. Finalmente, hemos optado por pensar que el malvado Ike se llevó consigo aquello que nos ahogaba, el cáncer, la mala vibra. Y bueno, dormir bajo la escalera no fue tan terrible después de todo. Hemos pensado repetirlo alguna noche.

Tengo muchas fotos y vídeos para postear, cosas para escribir y un blog (un blog que ahora ni siquiera nombre tiene) por reconstruir. Sólo denme tiempo de sacudirme la caca que me ha caído encima y ya, en un momento, en un momentico, estaré con ustedes.

En mantenimiento

August 29th, 2008

Hay momentos en los que algo me dice que debo dejar para después lo que me dispongo a hacer y sin embargo lo hago, o trato de hacerlo, con resultados regularmente desastrosos. Quería solucionar un problema que le descubrí a la plantilla del blog hace pocos días desde Internet Explorer y, muy lejos de encontrarle solución a algo que no lo tiene (Explorer es una basura), me tiré de manera irreversible una plantilla con la que me sentía bastante conforme y que me acompañó por casi dos años. Como quien dice, a remodelar, a la fuerza.

Espero que en pocos días este sitio recobre su identidad, o construya una nueva. Después de todo, no es tan malo cambiar.

Coldeportes y sus pésimas inversiones

August 18th, 2008

Veintiún mil millones de pesos ($21.000′000.000). Once millones de dólares (US$ 11′000.000). Siete millones de euros (7′000.000). Esa fue la cifra que según información oficial de Coldeportes, contenida en su sitio en Internet, invirtió dicho organismo en la preparación (no se incluyen viáticos ni costos de desplazamiento) de los sesenta y ocho deportistas que por estos días representan a Colombia en los Juegos Olímpicos de Beijing, a desarrollarse hasta el próximo domingo. En el mismo portal, el ente compromete publicamente la entrega de incentivos por valor de doscientos veinte millones de pesos ($220′000.000) a los dos atletas que a la fecha han logrado obtener medallas, una de bronce y una de plata, para un gran total oficial de veintiún mil doscientos veinte millones de pesos ($21.220′000.000) dispensados a la fecha con motivo del mayor evento deportivo de la humanidad. La cifra extra-oficial, aquella que incluye las partidas presupuestales destinadas a corruptela, chanchullería, botellas de whiskey y turismo oficial, nunca se hará pública y queda a la imaginación particular.

Estas líneas no tienen por objeto analizar el desempeño deportivo de nuestra delegación, por cuanto es bien sabido que su autor sabe tanto de deporte como de cálculo vectorial. Pero mis pobrísimas habilidades matemáticas me permiten concluir que Coldeportes acaba de hacer el peor negocio de su historia, pagando con dinero de la teta del ordeñado hasta donde no más y empobrecido contribuyente un valor de once mil seiscientos diez millones de pesos ($11.610′000.000) por medalla, medallas que ni siquiera son de oro como para mandarlas fundir y recuperar algo de la inversión, sino de un latón ordinario que terminará exhibido en la estantería de alguno de los burócratas corruptos que administran la actividad deportiva en nuestro país o en la vitrina de alguna prendería, una vez que las glorias del deporte que las obtuvieron pasen al olvido y mueran de hambre en el absoluto abandono. Que la suma invertida por Colombia no es nada en comparación con lo invertido por potencias económicas y deportivas como Estados Unidos y China, argumentarán algunos. Lo cierto es que Cuba, país con inmensas limitaciones económicas y con una cuarta parte de la población de Colombia, acumula a la fecha once medallas, entre ellas una de oro, lo que le permite situarse en un honroso piso veintisiete dentro del escalafón general, contra un vergonzoso puesto cincuenta de la delegación nacional, que es superada de lejos por paisitos paupérrimos como Kenia, Etiopía o la actualmente invadida y arrasada Georgia.

Mis sinceras felicitaciones a los dos medallistas, sus entrenadores y sus familias, únicos colombianos con derecho a celebrar en medio de la ya tradicional vergonzosa participación colombiana en toda justa deportiva de talla internacional. Lo demás, se queda en pretexto para destapar la botella y embriagar la crudeza de nuestras miserias.

¡Salud!

“Aquí firmamos un documento junto a más de 50 países de Naciones Unidas según el cual el deporte es una herramienta de la paz. Colombia ha hecho de la actividad muscular un instrumento de paz”
Everth Bustamante - Director de Coldeportes

Me pregunto si no habría sido más beneficioso para el propósito de la paz invertir esos veintiún mil millones en recuperación de escuelas, parques o escenarios deportivos. Queda claro por qué seguimos en guerra.

El cielo de Texas

August 14th, 2008

El cielo de Texas es especial, me atrevería a decir que casi tanto como el cielo de Bogotá, que luce más grande por la simple razón de que se observa desde un punto situado dos kilómetros y medio más cerca de las estrellas, condición topográfica en virtud de la cual en mi bella ciudad de las montañas, técnicamente, cuando se levanta la cabeza se esta observando el cielo desde el cielo mismo. El cielo de Texas, por el contrario, se contempla desde lo más bajo del suelo, desde la absoluta insignificancia. El cielo de Texas es misterioso, imponente, inesquivo, lejano pero envolvente, en cierta forma traicionero y voluntarioso. Uno nunca puede asegurar si tras las nubes profundas del cielo de Texas se oculta un sol abrasador que reune fuerzas para hervir la tierra, o un océano de vapor pesado a punto de condensarse y hacerse ríos sobre la planicie, o lenguas de viento caliente que se agazapan para arrancar los árboles y las casas y los postes de raiz, y quitar de allí todo lo que nunca debió estar.

Suelo alzar la mirada con frecuencia con la esperanza de encontrarme alguna sorpresa que me devuelva la fe en que hay alguien responsable de la vida y de todo lo que vemos, como esta bella composición de tonos y claroscuros que a las ocho de la tarde, con la antesala de un concierto de truenos y justo antes de una lluvia de varias horas, dibujó Dios para mi balcón y para mi lente en este cielo inmenso, el cielo de Texas.

Para ver más fotos, o verlas en mejor resolución, haga click aquí.

El Cielo de Texas

El Cielo de Texas

El Cielo de Texas

La cadena alimenticia

July 24th, 2008

En el mundo natural, las cadenas alimenticias son cerradas y no tienen cabos sueltos. El bicho más grande se come al menos grande, el menos grande se come al mediano, el mediano se come al pequeño que a su vez se come al más pequeño y así sucesivamente, hasta que finalmente un día el bicho más grande que se come a todos termina convertido en el plato fuerte del bicho minúsculo al que todos se comen y se cierra el círculo.

En el mundo corporativo, por el contrario, la cadena alimenticia sí suele tener cabos sueltos, uno o varios, dependiendo de cómo esté estructurado el organigrama o la cadena de mando, que no es otra cosa que la secuencia según la cual el indivíduo de mayor jerarquía se da el lujo de endosarle sus “chicharrones” al indivíduo del escalafón inmediatemente inferior en la estructura organizacional. Pues bien, comparto con usted estas tontas reflecciones porque hoy vine a entender que pendo del cabo suelto de la cadena alimenticia del departamento en el que me desempeño en mi faceta de empleado part-time.

A continuación, publico el pantallazo de una seguidilla de correos electrónicos que se inició en la bandeja de salida de alguien muy importante y terminó en la bandeja de entrada de un pendejo que sencillamente no tuvo en honor a quién dar click en “forward”: yo. Recomiendo leerlo de atrás para adelante, tal como organiza el orden cronológico el gran hermano Outlook.

No me odies…

July 15th, 2008

…porque un sustico de vez en cuando no le hace dano a (casi) nadie.

ADVERTENCIA:
No vea este vídeo si usted sufre de problemas cardíacos.

Breve autobiografía científica de las últimas tres semanas y tres días

July 12th, 2008

Lo sé, lo sé, tengo abandonado el chuzo. Sabía que eso ocurriría cuando me reencontrara con mi familia, cosa que finalmente ocurrió hace exactamente tres semanas y tres días. Y también ocurrió que se cumplió mi profesía al pie de la letra y abandoné el chuzo una vez que mi esposa y mi hijo pusieron sus pies en este horno con autopistas llamado Houston y regreso a él porque una fiel cliente de la casa me reclamó por las telarañas y por la capa de polvo y por no haberle contado mis novedades a ella y a los anónimos visitantes del blog que generosa e incondicionalmente me acompañaron durante estos meses de soledad.

Ofrezco disculpas y procedo a hacerlo.

Pues resulta que el miércoles aquel trabajé hasta las once de la mañana y después me fui perfumadito y emperifolladito a recoger a mi familia al aeropuerto Bush, cuyo sólo nombre me asusta, y al llegar al parqueadero un gringo de cuatrocientas libras me anunció que no había puesto para mí y que no tenía más remedio que estacionarme en el terminal A y tomar un tren que me devolviera a mi destino, el terminal C. Mierda, ahora resulta que en gringolandia los aeropuertos tienen tren. No me joda, en Bogotá a duras penas tenemos aeropuerto. Maneje, parquee, mire el reloj, corra como loco, sude como caballo, putee como siempre, móntese al puto tren, bájese del puto tren, mire el reloj, corra como loco, sude como caballo, putee como siempre, pregunte, vuelva a preguntar, mire el reloj, suba las escaleras, baje las escaleras y de repente ahí estaban, mi esposa, mi hijo y cuatro maletas, esperándome. El abrazo, el beso, la lágrima, el moco, Jacobo que me miraba como diciéndose muy dentro de sí “yo a este man lo conozco” y Andrea que me miraba como preguntándose si habrá valido la pena venir por este flaco sudoroso y lloricón que llegaba tarde a la cita más importante de su vida y que la palpaba con movimientos frenéticos para confirmar si era real.

Y desde entonces hemos ido reconstruyendo de a pocos nuestra vida familiar y me he dado a la tarea de reconquistar el territorio perdido en el universo afectivo de mi hijo, con resultados hasta ahora más que buenos. -”Mi papito es hermoso”-, me ha dicho varias veces con esa forma sublime que tiene de hablar (para él las cosas no son lindas, son hermosas), mientras me aprieta para que no me le vuelva a escapar y me da besos babosos en la mejilla. Jacobo me quiere. A pocos días del reencuentro, mi jefe nos invitó a Chicago y tuvimos el que ha sido, sin lugar a dudas, el mejor o uno de los mejores fines de semana de nuestras vidas, sumergidos en la arquitectura espectacular de Mies Van Der Rohe, Frank Gehry, Philip Johnson y Helmuy Jahn, genios a los que hasta entonces sólo había contemplado en las páginas esmaltadas de los libros de Taschen. Jacobo no fue a Chicago, la invitación no incluía hijos, él se quedó feliz con la hija de mi parce en estas tierras mientras sus papás jugábamos al jet-set durmiendo en un hotel fancy de trescientos dólares la noche, comiendo calamares en restaurantes del downtown sin preocuparnos por la cuenta y bebiendo martinis a noventa y seis pisos de la realidad. Buena luna de miel después de haber comido tanta mierda. Y una noche, mientras nos transportaban en van a un restaurante, Andrea señaló por la ventana a alguien que paseaba un golden retriever y me dijo -“mira, ese es un amigo tuyo de Facebook”-. Andrea y sus ocurrencias, como si fuera posible encontrarse un amigo de Facebook en una ciudad de diez millones de habitantes. Y entramos al restaurante, a la segunda copa de vino me levanto al baño y el amigo de Facebook que Andrea había visto por la ventana de la van me llama desde la barra. -”Esto no puede ser posible”-, pienso. Mi amigo de Facebook es Felipe, un amigo de infancia, compañero de colegio al que no veía hace más de diez años, quien por cierto departía con Sergio, otro amigo de Facebook, infancia y colegio al que no veía hace igual cantidad de años o incluso más. Y charlamos un ratico tratando de compilar diez años en diez minutos, intercambiamos teléfonos y dijimos hasta pronto, yo lo llamo, tenemos que vernos, se cuida. Y volví a la mesa ante la mirada atónita de mis acompañantes, colegas del trabajo, que no podían creer que tras mi apariencia tímida y reservada se ocultara un tipo tan tremendamente popular. Si supieran que nunca me encuentro a nadie, en ningún lugar, que a mis fiestas de cumpleaños no van más de cuatro gatos, o tres, desde que se murió el gato más gordo, si supieran que a veces pasan semanas sin que a mi celular le suene el timbre… Y justo antes de abandonar la ciudad más del putas que he conocido (la falta de mundo me tiene jodido), nos le apuntamos a un viaje en metro y ocurre la segunda coincidencia más asombrosa, nos encontramos con Mafe, mi amiga blogger, con la que sólo me he visto tres veces, cada una de ellas en una cuidad diferente. Ya nos pusimos cita en Kuala Lumpur.

Esta historia continuará, a medida que el tiempo la vaya escribiendo y logre sonsacarle tiempo a mi falta de tiempo.

Si se puede

July 2nd, 2008

Hoy, más que nunca y con el matiz de la distancia, me siento profundamente orgulloso de mi país y de los millones de colombianos que apoyamos con nuestro voto la gestión de un gobierno diligente y comprometido con sus causas. Al presidente Uribe, por encima de todas las cosas, se le deberá el legado histórico de haberle enseñado a los escépticos que frente al terrorismo existe una alternativa diferente a la sumisión. Ingrid está libre, sin Floridas, sin Praderas, sin espectáculos circenses estilo Chávez o Córdoba.

Esa es la clase de reencuentro con la libertad que merecen todos los secuestrados.