Paseo millonario y consejitos de mamá histérica E…
Tuesday, February 28th, 2006El “paseo millonario” está disparado en Bogotá y demás ciudades principales de Colombia. Con seguridad usted conoce de primera mano múltiples casos de personas cercanas que han sido víctimas de esta espantosa modalidad delictiva, contra la cual aparte de la prevención personal no hay absolutamente nada más que hacer, pues está claro que como ciudadanos vivimos en la absoluta indefensión. La policía dedica miles de hombres a capturar a los forajidos del “pico y placa”, pero jamás hay personal disponible para evitar un atraco o un asalto. En este país la justicia es más estricta con el mensajero de restaurante que le agarra las nalgas a una secretaria caderona que con las bandas de atracadores que pistola en mano andan sembrando el terror por nuestras calles. Una vez atrapé a un raponero que me robó el celular en el Transmierdero. Y pese a instaurarle la respectiva denuncia penal no existió recurso legal alguno para prolongar su fugaz estadía en la cárcel, pues en este país saturado de hampones el “hurto simple” es excarcelable. Es decir que si a uno no le pegan tres tiros y dos puñaladas, no tiene derecho a exigir justicia porque “simplemente” lo robaron. Aquí, señoras y señores, robar por las buenas no es delito. Quizás por eso hay tanto ladrón, de todos los estratos, colores y sabores. Aún recuerdo la mirada burlona de esta escoria mientras me decía que al día siguiente estaría nuevamente en la calle, así, con el mayor descaro, con un tono desafiante y cínico. Dominado por la ira traté de tomarme la justicia en mis manos, pero los agentes de policía me lo impidieron y me advirtieron que las amenazas proferidas en contra del ladrón eran motivo suficiente para que éste me denunciara. Mejor dicho, por poco resulto preso yo, y sin derecho a excarcelación, porque en Locombia si nos roban no se configura delito, pero si insultamos al ladrón sí. Ojalá le dieran cuatro años de cárcel a los delincuentes como lo hicieron con el díscolo mensajero de las manos largas.
Por eso repito, en un escenario de indefensión como este, ante el furor de este tipo de delito lo único es la prevención. Y sin ánimo de generar paranoias y temores infundados, resumo a continuación algunas medidas de seguridad publicadas por diversos medios y derivadas de relatos de personas cercanas que han vivido esta experiencia desagradable. Medidas que suenan a consejitos de mamá histérica, pero que pueden salvarlo a usted y a los suyos de vivir esta pesadilla e incluso de perder la vida.
A pie:
De ser posible, no detenga taxis en la calle, menos si va solo, mucho menos si es de noche y muchísimo menos si el taxista va con acompañante. Cuando necesite un taxi solicite el servicio telefónicamente (yo lo he hecho incluso por celular y funciona) y exija que le suministren el número del móvil y la placa del vehículo. Recuerde que todos los centros comerciales ofrecen el servicio de taxi sin recargo, una alternativa práctica y segura. Puede sonarle paranoico, pero créame, no lo es: si decide obviar esta recomendación inicial, procure entregarle al conductor la dirección de su destino escrita en un papel y trate de no discutir con él la ruta a tomar. Los asaltantes suelen dejar el canal del radioteléfono abierto, truco que permite a sus cómplices conocer el recorrido que seguirán y hacer la interceptación. No confíe en su olfato, en su intuición o en su sexto sentido. Esta clase de ladrones sabe camuflarse bien. El taxi puede ser nuevo, tener insignias de empresa, el conductor puede verse muy elegante y decente, eso no es garantía de nada. Por último, así esté haciendo frío, mantenga su ventana abierta y esté alerta si nota que el carro cuenta con bloqueo central.
En carro:
Trate de no hacer recorridos nocturnos innecesarios. Si bien ir acompañado no exime de riesgos (un amigo iba con el papá y el hermano y sin embargo les hicieron la vuelta, a los tres), procure nunca viajar solo en su carro a altas horas de la noche. Si para a dejar a alguien hágalo rápidamente, no se quede haciendo visita en el carro, ni lo use como refugio nocturno de amor. Para eso están los moteles o la sala de la casa. Recomendación personal (no oficial): con el perdón de las autoridades de tránsito, después de las once de la noche no se detenga en los semáforos. Eso sí, reduzca la velocidad en las intersecciones y mire bien a lado y lado antes de atravezarze, la idea es evitar un atraco, no matarse ni matar a nadie. Si el tráfico lo obliga a detenerse, mantenga el pedal del clutch hundido y el cambio en primera. Eso posibilita una arrancada mucho más ágil que si deja el carro en neutro. A mi hermano lo atracaron hace varios años por esperar la luz verde en el semáforo en la Calle 92 con Carrera 15, en Bogotá. Si nota que lo siguen, acelere y trate de llegar al CAI, estación de policía o sitio concurrido más cercano. En la madrugada, los expendios de comidas rápidas suelen estar llenos y pueden ser un buen recurso para la evasión, recuérdelo. Sin embargo, tenga presente que esta clase de atracadores son profesionales, la fuga casi siempre es imposible y la persecución suele irritarlos, lo cual no es conveniente. Sepa cuando “entregarse”, y cuando lo haga no oponga ninguna resistencia, haga lo que le pidan, entregue llaves, tarjetas, papeles, suministre claves, procure no mirarlos a la cara (o que no lo noten si lo hace), no discuta con ellos, quédese callado y tranquilícese. Ellos no planean matarlo así se lo digan, y no lo harán si usted no los obliga. Si bien operan sobre la base de la intimidación, puede estar seguro de que no se van a “echar un muerto encima” innecesariamente. En algún momento del recorrido es probable que lo hagan meterse en el baúl de su carro, o al de un segundo vehículo. De ser así, intente ver y memorizar la placa, suele ser la única pista con la que contarán las autoridades más adelante. Trate de ubicarse echando mano de sus sentidos, oí en radio una declaración de una víctima que, una vez en el baúl, logró determinar que lo conducían por la Avenida Eldorado por el sonido de las llantas sobre las lozas de concreto (el común de las vías en Bogotá están asfaltadas). La desorientación suele agudizar la angustia, y tratar de referenciar lugares puede ayudarlo a calmarse. Escuche todo lo que hablen los asaltantes, rutas, destinos, nombres, etcétera. Mantenga la tranquilidad.
¿Por qué decido hacer una pausa en la temática tradicional de este blog para compilar esta lista de consejitos de mamá histérica? Hace cuatro años, al salir del trabajo, fui víctima de un intento de asalto con escopolamina. Me salvó haber recibido varias recomendaciones al respecto, que me permitieron identificar y evadir la amenaza antes de ser completamente drogado.
No dude en aplicar estas sencillas recomendaciones, en difundirlas y en complementarlas.





