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Archive for June, 2006

Cerrado por inventario La inminencia del TLC no p…

Thursday, June 15th, 2006
Cerrado por inventario

La inminencia del TLC no puede cogernos con los pantalones abajo. Si usted es uno de los afortunados asalariados de este país (asumiendo que ser un empleado sea síntoma de buena fortuna, lo cual no siempre es cierto) poco le preocupará el tema. Preferirá endosarle la preocupación a su jefe, o al jefe de su jefe, o al jefe de su jefe de su jefe. Y es que además ya no es tan entretenido despotricar contra el famoso TLC que nos va a joder más de lo que estamos y va a acabar con lo que queda de nuestra economía y nos va a dejar a todos sin trabajo y bla, bla, bla. Para qué, si ya ganó Uribe, ya se jodió todo y el tema pasó de moda. Pasarán años antes de que volvamos a ver a Víctor Mallarino y a otras tantas luminarias de la pantalla chica caminar en contra de “la venta de nuestra cultura”. Lo que sí podremos es verlos desfilar por la alfombra roja de los premios TV y Novelas con smoking rosado, llegando por turnos en limosina alquilada (la única puerca limosina que hay en toda Chibchombia, a la que aún no le han reparado motor y sigue pasando aceite), convirtiendo el Jorge Eliécer Gaitán en el Teatro Kodak y la Carrera Séptima en un Beverly Hills criollo. –“¡Eso del TLC es venderle el alma a los gringos!”- le escuché comentar hace unas semanas a unos vecinos de mesa mientras almorzaba en Friday’s. Si realmente les preocupara la identidad nacional estarían almorzando chigüiro con refajo en el Asadero El Motorista y no Spicy Swiss Cheese Hamburguer With French Fries and Diet Coke en una franquicia estadounidense, digo yo.

Toda esta verborrea para comentarles que adelantándome a la entrada en vigor del TLC y analizando las potencialidades que ha podido vislumbrar para el sector productivo en el que me desempeño (es mejor encontrarle virtudes y oportunidades a lo inevitable), la próxima semana viajaré al coloso del norte con mi portafolio debajo del brazo a consolidar los pocos pero valiosos vínculos comerciales que he logrado establecer desde aquí y a establecer nuevos, Dios mediante. Por supuesto, se aprovechará la ocasión para darle una paseada a la familia, hacerle el quite a los huracanes que nuevamente amenazan el Golfo de México, visitar al amigo Chapin, dejar unas flores en la tumba de Stevie Ray Vaughan, manejar muchas millas y, si logro convencer a mis acompañantes de travesía, tomarme una cerveza en el House of Blues de Nueva Orleáns (o lo que quedó de él) y caminar bajo la luna por esa Calle Bourbon a la que Sting le canta:

Oh, you’ll never see my shade or hear the sound of my feet,
while there’s a moon over Bourbon Street…

Como es de suponer, a partir de hoy y por las próximas tres semanas este chuzo se declara oficialmente cerrado por inventario. Pero el regreso será en grande. Eso espero.

Por el momento, les dejo esta maravillosa canción, “Moon over Bourbon Street”, de Sting.


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Un abrazo a todos.

El anticristo El mito urbano anunciaba que el an…

Monday, June 12th, 2006

El anticristo



El mito urbano anunciaba que el anticristo nacería el pasado seis de junio. Pero el anticristo nació hace mucho tiempo. Se llama LUIS ALFREDO GARAVITO CUBILLOS, y es el responsabe del secuestro, tortura, mutilación, violación y posterior asesinato de más de ciento setenta niños en Colombia y en otros países vecinos (aunque la fiscalía asegura que la cifra de víctimas podría pasar de los doscientos). Por la estúpida laxitud de nuestra justicia penal, legislada por burócratas ignorantes y corruptos, esta escoria volverá a las calles antes de cinco años, tras una risible condena de doce años en una cárcel cinco estrellas (menos de veinticinco días de prisión por cada niño asesinado).

Espero no vivir en este país para cuando este cerdo recobre la libertad. Espero que algún día la sociedad misma imparta la justicia que no quisieron impartir quienes hacen las leyes en Colombia. Sólo hasta ese día los dos centenares de niños asesinados podrán descansar en paz.

La causa de CAMAC Ilustraciones y fotografías de …

Saturday, June 10th, 2006

La causa de CAMAC
Ilustraciones y fotografías de Catalina Quijano

CAMACLes artistes du Camac veulent s’ exprimer - Los artistas de Camac desean expresarse

Poco a poco y sin proponérmelo me he ido convirtiendo en una suerte de escudero de las más diversas causas. Las vueltas que da la vida… ¿Que si sirve de algo? No me hago muchas esperanzas. Ni las FARC ni las AUC van a abandonar su orgía de sangre porque un pendejo les dé varilla en su blog. Mabel Palacio no va a dejar de producir sus asquerosas “bufandas ecológicas de cola de zorro” por más madrazos que le eche. Carulla no va a impedir la clonación de tarjetas débito en sus puntos de pago, ni va a dejar de venderle a los consumidores incautos los sobrados de los días anteriores así estén podridos. Los diseñadores no vamos a recuperar el respeto profesional del que hasta las prostitutas gozan. El Canal Caracol no va a dejar de organizar concursos de niños mariachis. La FIFA no va a suspender indefinidamente el mundial de fútbol (bueno, esa causa no la he emprendido aún, y creo que me cogió la noche para hacerlo). Pero qué carajo, se dice lo que se piensa, y eso en cualquier caso es mejor que guardar silencio. Creo que en esa convicción coincidimos todos los que en algún momento hemos dado el paso de abrir un blog.

Catalina es una muy buena amiga mía. Amiga desde la más tierna infancia. Podría decirse que ella es lo más parecido que tengo a una hermana. Y además, es lo que todo papá definiría como “un partidazo”: pila, inteligente, más preparada que un yogurt y, como si fuera poco, bonita. Y ha buscado mi ayuda. No se hagan ilusiones, no me ha pedido que le presente amigos. Me ha pedido que le ayude a divulgar desde mi humilde sitio de Internet (este) la información relativa a una causa en la que anda clavada de cabeza y que, por supuesto, procedo a publicar. ¿Qué a quién le importa lo que pase en Francia? A ella, que vive allá, a mí, que llevo a ese país clavado en el corazón, y espero que a muchos visitantes de este blog. Por lo demás, estoy convencido de que la causa ecológica no tiene fronteras. Me dan risa los que esperaban que el mundo se acabara el seis de junio y no se han dado cuenta que el mundo se está acabando hace rato.

A lo que vinimos…

CAMAC, instituto francés en el que estudió y ahora trabaja mi hermana de corazón, es un centro creativo multidisciplinario para artistas, científicos y tecnólogos ubicado en Marnay-Sur-Seine, en el corazón del valle del Sena, una región que a lo largo de los siglos ha logrado mantenerse y consolidarse como un santuario natural e histórico. Ahora bien, un grupo de genios ha decidido acabar con cuarenta y siete hectáreas de bosque para construir, en pro del “desarrollo” de uno de los países ya de por sí más desarrollados del mundo, una fábrica de bioetanol que combinaría muy bien con la planta nuclear que otros genios construyeron hace algunos años en Nogent-Sur-Seine, ahí pegadito. Como si no existieran ya suficientes letrinas químicas estilo Chernobyl, las superpotencias andan empecinadas en construir más y, lo que es peor, en el corazón de zonas residenciales. Una vez más queda de manifiesto que el desarrollo económico no siempre va en sincronía con el desarrollo ético, intelectual y humano.

CAMAC Planta nuclear de Nogent-Sur-Seine

Pues bien, en alianza con los habitantes de la región, CAMAC ha programado una reunión con los gestores del mencionado proyecto, en la que se pondrá de manifiesto el rechazo hacia la construcción de la fábrica en dicha zona, considerándose que existen regiones de carácter netamente industrial que podrían asimilar de mejor manera la instalación de una planta de dichas características. Para el encuentro con los empresarios, CAMAC ha decidido recopilar tanto sencillas expresiones de rechazo como testimonios de personas de cualquier lugar del mundo que hayan vivenciado el impacto negativo de asentamientos industriales enclavados en zonas residenciales (y aquí en Colombia sí que sabemos de eso). Dichos aportes serán presentados a los empresarios responsables, y algunos serán incluidos en los afiches que se diseñarán para la ocasión.

CAMAC Mairie vendue, Marnay libre - Alcaldía vendida, Marnay libre

En nombre de mi amiga Catalina, en el de CAMAC y en el mío propio, agradezco la colaboración que se sirvan prestar en esta noble causa. Para mayor información o para remitir sus aportes, visiten esta dirección, o esta otra.

Saludos.

Novedades de Carulla En relación a los sucesos re…

Thursday, June 8th, 2006
Novedades de Carulla

En relación a los sucesos relatados recientemente, considero oportuno hacer las siguientes precisiones:

1. Que el pasado lunes, una semana después de formulada la denuncia (semana durante la cual no percibí asomo alguno de interés por mis inquietudes), recibí una llamada de parte de la oficina de atención al cliente de Carulla.

2. Que la llamada la realizó una mujer. No recuerdo su nombre (Yuri Paola, Nelki Yiseth, Yudi Yaspleidi, da igual, todas las telefonistas de call center se llaman parecido).

3. Que la telefonista cuyo nombre no recuerdo procedió a ofrecerme disculpas en nombre de la compañía por el “lamentable inconveniente” (dejar las llaves dentro del carro es un lamentable inconveniente, vender a consciencia comida podrida tipifica como tentaiva de homicidio).

4. Que su llamada, además de ofrecerme las disculpas corporativas, tenía por objeto anunciarme los resultados de las “exhaustivas investigaciones” adelantadas a raíz de mi queja y la lista de “medidas disciplinarias” tomadas en contra de los responsables.

5. Que los siguientes fueron los resultados de las “exhaustivas investigaciones”:

Se logró establecer que en efecto la lechona se encontraba en avanzado estado de descomposición (¡ quehh… !), ello como consecuencia de que el marranito difunto llevaba tres días (con sus noches) en el exhibidor (quiero vomitar). Que el descuido no es culpa del administrador del almacén, el ilustre señor Jairo Corredor (un saludo cordial a su señora madre), por cuanto él había cumplido con informarle a un empleado del delicatessen que era necesario echar a la basura la triplemente trasnochada lechona, instrucciones que el empleado desobediente no acató (nótese que inicialmente el cretino le echó la culpa al proveedor de las lechonas; al parecer la humanidad entera tiene la culpa, menos él).

6. Qué las siguientes son las “medidas disciplinarias”:

Por incumplir las instrucciones directas de un superior e infringir los numerales tercero y quinto del reglamento interno de trabajo, se determinó sancionar al empleado con un memorando disciplinario, del cual una copia morará junto a su hoja de vida hasta el final de los tiempos (como siempre, la justicia es para los de ruana; la reseña debería ser para el administrador, y ante la Ley).

7. Por último, que si bien hace una semana tenía la sensación de que Carulla era una mierda, ahora tengo la seguridad plena de que Carulla es la mierda más grande de la que he tenido conocimiento en toda mi vida. En Carulla, la salud e integridad de los clientes es una responsabilidad que se confía a empleados con el salario mínimo.


Por el momento, no es más. Pensaba publicar una fotico pero Blogger no me dejó.

Cambio monas… Este es un servicio social. Se req…

Tuesday, June 6th, 2006
Cambio monas…

Este es un servicio social.

Se requieren con carácter urgente las monas/láminas/caramelos/figuritas (como quieran llamarlos) número 124, 256, 375 y 507, únicas que le faltan a este servidor para llenar su preciado álbum. Tengo en mi poder un cerro inmenso de monas/láminas/caramelos/figuritas repetidas para intercambiar, incluyendo las de conmemoración. No está de más aclarar que estoy dispuesto a pagar por las monas/láminas/caramelos/figuritas faltantes lo que el propietario tenga a bien cobrarme, dentro de lo justo y razonable, por supuesto (especuladores abstenerse). Ahora bien, los que me conocen se estarán preguntando cómo es posible que un tipo terco como yo haya vendido algunos de sus principios y sucumbido a una manipulación comercial tan ordinaria y contra la cual en tantas oportunidades se ha pronunciado. Pues sencillamente me puse a pensar que mi hijo no tiene la culpa de mis fobias, y que algún día crecerá y merecerá heredar un testimonio histórico y cultural tan representativo como lo puede llegar a ser un álbum, pieza que sin duda alguna terminará convertida en irremplazable documento de consulta y referencia. Más aún tratándose de un álbum tan didáctico y educativo como lo es el de Historia Natural de Chocolatina Jet.

Algún rincón de alguna nube Bogotá atesora el pri…

Sunday, June 4th, 2006
Algún rincón de alguna nube

Bogotá atesora el privilegio de un cielo único. A veces quisiera echarme en el pasto y contemplarlo por horas, como solía hacer cuando niño, e imaginar que desde algún rincón de alguna nube nos observan aquellos que ya no están con nosotros.

Testimonios gráficos de la tarde de ayer.

ROBO EN CARULLA (…y lechona podrida) Es importa…

Thursday, June 1st, 2006
ROBO EN CARULLA (…y lechona podrida)

Es importante que usted sepa que al entrar a cualquiera de los supermercados CARULLA no sólo corre el riesgo de ser robado, tal como le sucedió al señor Patton (vea relato en “ROBO EN CARULLA”), sino además de morir intoxicado. Así como lo lee. Ya había vislumbrado anteriormente las deficiencias de salubridad del delikatessen de la citada cadena de supermercados, el día en que pesqué una kilométrica hebra de pelo entre la papa con perejil de la barra de ensaladas. Con seguridad las cocineras con alopecia no son exclusividad de Carulla, así que hice el pelo a un lado y seguí llenando el plato. Pero lo del lunes pasado sí es la tapa. Me encontraba haciendo algunas compras en el Carulla de la Calle 85 con Carrera 15 en compañía de mi familia, cuando un súbito antojo asaltó a mi esposa: -“¿No quieres un platico de lechona?”- me preguntó. La lechona es uno de esos manjares de la gastronomía nacional que en el pasado me parecían vomitivos pero a los que por alguna razón les he venido encontrando el encanto en los últimos años. –“Sí, rico”- le respondí. Así que nos acercamos al delikatessen del supermercado y le pedimos a la señora de la barra que nos sirviera dos porciones, cada una por un valor aproximado de doce mil pesos (tarifa nada económica para una lechona). Una vez atendidos, procedimos a buscar ubicación en medio del comedor del supermercado, comedor que por lo general permanece convertido en un absoluto chiquero. Para los que no lo sepan, el diccionario define “chiquero” como un corral para cerdos. Y ahora que lo pienso, es curioso que la sección kosher siempre esté impecable, como si existiera algún tipo de discriminación etno-religiosa. En fin, poco llevábamos degustando nuestros veinticuatro mil pesos de lechona (veintisiete mil con gaseosas) cuando mi esposa percibió un olor extraño en la comida (desde niño sufro de rinitis alérgica y para mí el sentido del olfato es un lujo). Nos dimos a la tarea de explorar el plato con lupa y cuál sería nuestra sorpresa al descubrir que la carne se encontraba en avanzado estado de descomposición, olía y se veía mal, ni hablar del sabor. La carne de cerdo en descomposición es sencillamente mortal. El día que me decida por el suicidio quizás reemplace el frasco de Baygón por un buen lomo de cerdo podrido. –“Déjame yo hago el reclamo”- me dijo mi esposa, consciente de que mi reclamo podía terminar en puñetazo al cajero de turno. –“Qué vergüenza con usted, señora, si quiere le cambiamos la lechona por otra cosita”- respondió el empleado ante la queja. –“No, gracias, se nos quitó el hambre”- contestó ella. Acabábamos de levantarnos de nuestras sillas, tras un vano intento por inducirle el vómito a mi hijo de dos años que había alcanzado a probar la comida descompuesta, cuando para mi sorpresa veo que el mismo cajero le está entregando una porción de lechona (la misma lechona podrida) a una incauta compradora, a la que por supuesto procedo a prevenir. Poco fue el interés que manifestó a mi reclamo el señor Jairo Corredor, administrador de turno en el almacén, al aducir la responsabilidad del incidente al proveedor de las lechonas y no al supermercado. Ante este tipo de argumentos suele adueñarse de mí un brutal instinto asesino, por lo que decidí retirarme en silencio y dejar las cosas de ese tamaño.

Sé que el envenenamiento de clientes no es política corporativa de la cadena de supermercados Carulla. Pero sí estoy absolutamente convencido de que existen al interior de la compañía serias inconsistencias en los procesos de selección y formación de personal, irregularidades en los procedimientos de control de calidad, y una total despreocupación por las inquietudes y exigencias de los clientes. Y considero necesario que este tipo de situaciones, así como la acontecida recientemente con el señor Patton, se conozcan para que quede a criterio de cada quien la determinación de comprar o no en dicho establecimiento.

Una vez más me veo abocado a decir: “¡Bienvenido, TLC!”.