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Archive for July, 2006

El día de mi muerte Dentro de 34 años, lo único…

Saturday, July 29th, 2006

El día de mi muerte

Dentro de 34 años, lo único que necesitaré para morir feliz será estar vivo.
La navegación por Internet es como una rumba con amigos: se sabe cuándo y dónde empieza pero nunca cuándo ni dónde termina. Y por esas cosas de la vida hoy terminé en una especie de portal de la muerte. Un portal que con base en las siete respuestas a siete preguntas vaticina la fecha exacta de nuestro fallecimiento. Yo, por ejemplo, empacaré maletas el miércoles 19 de septiembre de 2.040, más exactamente dentro de 1.077′316.115 segundos (que serán menos cuando termine de redactar esta entrada y muchísimos menos cuando usted, quien quiera que sea, haya terminado de leerla). Debería sentirme triste, supongo. O angustiado, o deprimido, qué se yo. Pero no, estoy más que satisfecho con esta sentencia de muerte, que de ser real resultaría mucho más optimista y prometedora que mi pronóstico personal. El 19 de septiembre de 2.040 tendré 66 años, una edad apenas justa para cederle mi puesto a la sangre fresca y dedicarme a fertilizar maticas en algún cementerio del norte de Bogotá. Mi hijo tendrá 34 años, será un profesional en alguna cosa (lo cual no implica forzosamente un título universitario) y si resulta precosito como su padre llevará una década por fuera del hotel mamá y quizás tendrá una pareja estable con la que, además de una cama, compartirá un mismo proyecto de vida y una maravillosa bendición llamada paternidad. El 19 de septiembre de 2.040 estaré tan sorprendido de que el planeta no haya volado en pedazos o hervido en su efecto invernadero, que poco o nada me importará morirme de lo que sea. Seguir vivo a los 66 años significará, entre otras cosas, que los guerrilleros y los paramilitares no consiguieron su propósito de aniquilar hasta el último de los colombianos, que se frenó el deshielo de la Antártida y que se logró reemplazar a tiempo el casco de acero inoxidable oxidado que cubre el basurero radioactivo de Chernobyl. Dentro de 34 años, lo único que necesitaré para morir feliz será estar vivo.

Sin embargo, en este portal de la muerte asumen que quizás me resultaría atractivo vivir un poco más. “Delay your date of death” (aplaza la fecha de tu muerte) reza un vínculo que nos conduce a “The Health Clock” (El Reloj de la Salud), una página que podría definirse como el portal oficial de la hipocondría. El sitio se presenta a sí mismo con un esperanzador “life is good” (la vida es buena) y acto seguido procede a enumerar una lista de las más aterradoras enfermedades que acechan a la humanidad: alergia, alzheimer, artritis, asma, cáncer de seno, cáncer de colon, cáncer de pulmón, cáncer de próstata, leucemia, linfoma, esclerósis múltiple, diabetes, epilepsia, alopecia, migraña, infarto, HIV, sida, demencia, osteoporosis, sífilis, parkinson, impotencia, incontinencia, y desórdenes del sueño. Todo un buffet mortuorio. Pero cómo así, no que la vida era buena? Qué puede tener de buena una vida circunscrita a la permanente amenaza de la muerte? Puedo asegurar que gran parte de esas enfermedades son impredecibles e imprevisibles. Pero en la escuela de la vida a los alumnos indisciplinados insisten en recordarnos que una vida sana es el camino recto hacia una existencia saludable y duradera. No fumes. No tomes. No comas dulce. No comas salado. No comas grasa. No tires. No trasnoches. No manejes rápido. Y entonces talvez (sólo talvez) tendrás una vida larga, así sea terriblemente aburrida.

Tenía ganas de dejar el cigarrillo, pero ahora que sé aún manteniendo mis malos hábitos me queda por vivir más del doble de lo que ya he vivido, quizás replantee la decisión.

Voy a consultarlo con la almohada.

Una noche con los Astros Las primeras veces nunca…

Thursday, July 27th, 2006

Una noche con los Astros

Las primeras veces nunca se olvidan. Y hoy por primera vez en mi vida pisé un estadio de béisbol, por invitación de un seguidor de los Houston Astros, que por desgracia sufrieron una monumental derrota ante los Cincinnati Reds. No me pregunten el marcador, nunca he entendido un carajo del deporte de la pelota caliente y soy inmune a las explicaciones. Pero me divertí como un enano saboreando por tres horas la pulpa de la cultura norteamericana en ese carnaval del deporte, de la alegría, de la mística, de la amistad y de la familia (aquí la gente puede ir con sus hijos al estadio). Y aunque el equipo local sufrió una muenda descomunal y no dio pie con bola - bate con bola en este caso -, ningún descamisado salió a recordarle la madre a los jueces y a los técnicos, los jugadores no se agarraron a patadas (ni a cabezazos en el pecho), no hubo hinchas jugando a los mosqueteros con varillas y navajas “patecabra” y a nadie le dio por practicar bungee sin lazo de una tribuna a la otra.

A la salida del estadio, la persona que me invitó me pidió perdón por, según él, lo aburrido del encuentro. -”Es una lástima, hubiera querido que tu primer juego de béisbol fuera más divertido”-, me dijo. -”¡Más divertido? ¡Pero si la pasé del putas!”-, pensé. Y se veía realmente abochornado. Abochornado por haberme regalado una boleta de cuarenta y ocho dolares para un juego que no resultó tan bueno como él habría esperado. Ahora bien, cómo hacerle entender a esta persona con mi inglés telegráfico que recordaré esta noche como una de las más entretenidas de mi vida sin sonarle educadamente hipócrita?

Finalmente no supe qué decir, y con mi silencio terminé aceptando la disculpa.

Final warning - Será que sí? - Pues yo no veo nin…

Monday, July 24th, 2006

Final warning

- Será que sí?
- Pues yo no veo ningún policía cerca.
- Además, si estuviera prohibido no habría tantos carros parqueados…
- Y bueno, como en todo caso no nos vamos a demorar, sólo es bajarnos, dar una vueltica y ya…
- Pues sí, además eso es en Bogotá que joden por todo, aquí no.
- Claro, chupas de mierda, como les dan comisión por cada carro que se llevan…
- No sólo eso, esa gente tiene negocio montado con los de los patios…
- ¡Perros!
- Bueno, pero entonces qué, vamos?
- Pues sí, de una, ¡vamos!


Nuevas nuevas Desde hace unos días, todo alreded…

Friday, July 21st, 2006
Nuevas nuevas

Desde hace unos días, todo alrededor es nuevo para mí.

Inventario parcial:

Nuevo idioma:
Yo que me creía el puticas del inglés dizque porque veía cable sin subtítulos, vine a descubrir que el gringo promedio habla mucho más enredado que Jerry Seinfeld.

Nueva familia:
Desde hace un mes tengo un nuevo hermano, una nueva cuñada y una nueva sobrinita de dos años de la cual mi hijo, también de dos años, quedó fulminantemente enamorado (“coup de foudre”, le llaman a eso los franceses). Espero que dichos flirteos no pongan en riesgo el preacuerdo que firmé con Un Gerente en relación con el matrimonio de nuestros retoños y el emparentamiento derivado de dicha unión, jugada maestra que maquiné friamente y que tenía por objeto concederle cierto estatus a mi grupo familiar (¡al fin un gerente en la familia!).

Nuevos amigos:
Entre no muchos otros, un guatemalteco llamado Chapín pero más colombiano que muchos colombianos, que se debate entre el cine documental y la política, odia a los tex-mex (yo también), está casado con una paisa, quiere encontrar a su abuela, reconoce a un compatriota suyo con sólo mirarlo y no puede ni oler el trago (bueno, nada es perfecto).

Nueva cerveza:
La Budweiser resultó mejor que la Brava, aunque vale más y emborracha menos (repito, nada es perfecto).

Nuevo sistema operativo:
La era de Windows quedó atrás y llegó el año del Tiger. Cómo será de porquería Windows que hasta Bill Gates se mamó de él… No sé por qué esperé tanto para morder la manzana…

Nuevas unidades de medida:
Los kilómetros se volvieron millas, los metros pies, los centímetros pulgadas y los grados celsius grados fahrenheit. Un esfuerzo sin medida…

Nuevas normas y experiencias de tránsito:
Avenidas con membresía y peajes inteligentes con microchip (EZ tag tollways), vías exclusivas según el número de pasajeros a bordo (HOV lanes), autopistas de dieciocho carriles incluyendo paralelas, intersecciones con “pares” en las cuatro esquinas, giros en “u” en vez de “orejas”, radares anti-policía para burlar los límites de velocidad… en fin…

Nuevas certezas:
En un mes he resultado “tumbado” dos veces en diferentes transacciones comerciales. En ambas operaciones ha habido colombianos involucrados. Coincidencia? Gente linda haciendo patria…

Y lo que sí no es nuevo:
Que amo a mi familia y que la extraño con el alma.

Stevie Ray Vaughan No, no me gané el Baloto y me v…

Sunday, July 16th, 2006
Stevie Ray Vaughan

No, no me gané el Baloto y me volví nuevo rico. No fui un niño genio que se graduó de MIT a los catorce años y se pensionó a los treinta y dos para disfrutar de la renta. Tampoco crean que se eternizaron mis vacaciones (que de hecho no lo fueron del todo). Sencillamente aproveché el tiempo, como hacemos los turistas pobres, y los días de periplo se conviertieron en una especie de jornada maratónica de “agarre todo lo que pueda”, como en esas promociones de supermercado en las que uno tiene un minuto para llenar el carrito y llevarse gratis lo que alcance a embutir en él. Sólo que en este caso, en vez de carrito, se usó la cámara digital. Y en vez de rollos de papel higiénico y frascos de salsa de tomate, la prueba consistió en capturar todo aquello que llamara nuestra atención o quisiéramos eternizar en la memoria.

Si hay algo que odio y siempre he considerado ramplón, es esa costumbre maluca de nosotros los seres humanos de entrometernos entre el lente y aquello que queremos fotografiar. Pero todos lo hacemos, irremediablemente. Quién que haya estado en la ciudad luz no se ha parado con pose de idiota para esperar el click y el fogonazo del flash con la Tour Eiffel de fondo? Lo que más me molesta de esa clase de fotos es el gesto del retratado, por lo general una cara de satisfacción enmarcada por una sonrisa labidental que se extiende de oreja a oreja, un gesto de “mamá, triunfé!!” marinado con cierta dosis de regodeo por la envidia que la instantánea producirá en el compañero de trabajo, o en el vecino, o en el primo mamón. Tenemos que cagarnos la belleza de tan magna obra de ingeniería atravezándonos en la mitad de la escena, o a un ladito (según el nivel de egocentrismo), sólo para que nos crean que en efecto estuvimos allí, sacando a pasear nuestra precariedad.

Pero esta foto es diferente. Con esta no me sentí precario, ni ramplón. Stevie Ray Vaughan y este humilde servidor en una misma imagen es otro de esos sueños que albergué durante años y que, por obra y gracia de mi viaje a Austin, su ciudad natal, pude hacer realidad. Le quedé debiendo las flores, no las pude conseguir a esa hora, con ese calor y ese sol que nos fritaba la piel. Pero cumplí la otra parte de mi promesa: la de visitarlo, rendirle honores y presentarle a mi hijo, mi “pride and joy”.

Esta entrada está dedicada a la memoria del mejor guitarrista eléctrico que ha pisado este planeta.

NOTA DEL EDITOR:

Me anticipo a la pregunta que con seguridad surgirá con respecto a la revelación de mi identidad. Hace algunas semanas acepté tomar parte en una de las producciones cinematográficas de mi amigo Chapín (honor que jamás habría podido rechazar), con lo que mi anonimato bloguero quedó herido de muerte. Y ya metida la mano…

Cuando Chapín se gane el Oscar podré contar con orgullo que alguna vez hice un extra sin parlamento en uno de sus primeros cortometrajes.

A Nueva Orleáns Hay tres piezas de la iconografi…

Saturday, July 8th, 2006
A Nueva Orleáns

Hay tres piezas de la iconografia gringa que siempre me produjeron admiración: Supermán, las Torres Gemelas y Nueva Orleáns.

El primer ícono, que pudo contra la criptonita y contra Lex Luthor, se despedazó la columna vertebral al caerse de un caballo en su finca de recreo y quedó cuadraplégico por el resto de sus días. Tan paradójico como suena: el tímido reportero de El Planeta que zurcaba los cielos con tal rapidez que le bastaba con girar en sentido opuesto a La Tierra para devolver el tiempo (truco que alguna vez le permitió regresar a la vida a su adorada Luisa Lane), el mismo que detenía trenes con sus manos y apagaba incendios con sus soplidos, escasamente pudo volver a parpadear por su propia cuenta desde el lamentable accidente. Hasta para respirar requería del auxilio de una máquina. Un día sonrió, otro, creo que consiguió murmurar algunas palabras. Hasta que finalmente su vidita se extinguió como una vela en el viento: el hombre de acero murió de la manera más humillante e indigna que sea posible imaginar, más aún para un superhéroe. Sus fanáticos habríamos preferido verlo perecer en una paila de criptonita fundida y burbujeante, o a manos de su archienemigo Luthor. Jamás conseguí conocerlo en persona, así fuera en su lecho de moribundo.

El segundo ícono, estandarte del capitalismo yankee y desafío arquitectónico e ingenieril, se convirtió en polvo una mañana de sepiembre en que una secta de musulmanes psicópatas decidió clavarle dos Boeings 767 repletos de vidas humanas y gasolina. Un episodio histórico quizás comparable al de Pearl Harbor, pero con cubrimiento en directo por CNN. Un buen amigo me cuenta que en el mirador de una de las torres un letrero daba la bienvenida a la “cima del mundo”. Cima del mundo que me quedé sin conocer porque un barbudo hijo de puta decidió demolerla sin permiso de Dios (que quizás ese día estaba de vacaciones), con varios miles de seres humanos en su interior, en su mayoría inmigrantes humildes que laboraban en el sitio a la caza del sueño americano. Cero y van dos.

Mi idolatría por el tercer ícono nació cuando me enteré que Louis Armstrong no era el hermanito menor de Neil, el hombre que pisó La Luna, y que la trompeta servía para mucho más que acompañar los inmundos estribillos de Pastor López. Nació cuando supe que existía un rinconcito de Francia en Norteamérica, enclavado entre pantanos, cocodrilos y vudú, famoso por una calle que jamás dormía y que se estremecía al compás del jazz y del blues, los ritmos musicales más maravillosos que un ser humano pueda escuchar y cuyo esplendor entreví de la mano de Cortázar y su Perseguidor (Cortázar descubrió que el jazz, además de escucharse, se podía leer). Un lugar famoso por su arquitectura única, por sus balcones de madera con barandas en forja, por su barrio francés de ensueño. Famoso por las mujeres que le destapaban sus senos al transeúnte a cambio de un collar de bolitas de colores y hacían realidad su fantasía de convertirse en cabareteras por una noche. Famoso por el mardi gras y sus desfiles, por los huracanes (los etílicos, no los destructivos), por su exquisita gastronomía creole y cajun, por albergar una de las mejores universidades del mundo. Famoso por tantas cosas y más que olvido mencionar. Hasta que una perversa confabulación entre la desidia gubernamental y la furia natural decidió tragarse la ciudad y convertir sus calles en ríos fétidos y a sus habitantes alegres en seres tristes, en muertos vivientes. A quién le importa, si eran negros, tan negros como los chocoanos de mi país que se mueren de hambre, o ahogados, o a balazos (nota del traductor: Lousiana es a Estados Unidos lo que El Chocó a Colombia). El tercer ícono se derrumbaba como los dos anteriores, por cuenta de un huracán asesino con nombre de mujer hermosa.

Nueva Orleáns, sin embargo, pareciera levantarse de entre las cenizas. O de entre las aguas podridas, mejor. Un año después de la tragedia parece imposible imaginar que la ciudad se sumergió en el agua y volvió a emerger. Es difícil establecer si la miseria y la destrucción que eventualmente se perciben son legado de Katrina, o vienen de antes. La belleza del corazón de la ciudad se mantiene intacta, y conserva el esplendor de sus mejores años. El Superdome, hogar de los New Orleans Saints, convertido en refugio, hospital y morgue masiva durante la inundación, alista los últimos detalles para reabrir sus puertas al público. Sin embargo, no hace falta haber conocido la Nueva Orleáns de antes para saber que mucho cambió, particularmente en el ánimo de sus gentes. La tristeza se percibe en sus miradas. La preocupación y la angustia en sus ceños oscuros. “Tengo que regalar la mercancía; es eso o no comer”, le contestó una negra de piel curtida a mi esposa que no entendía cómo una cartera de cuero podía costar tres dólares. En la esquina, a cambio de monedas, una banda de jazz con instrumentos hechizo deleitaba a los curiosos con una cadencia que envidiarían las más famosas big bands del mundo. Y el humor, el analgésico más efectivo contra los dolores del corazón, estampado en camisetas que se pueden comprar por dos o tres bucks en cualquier esquina:

“Jesus loves you. But everyone else thinks you’ re an asshole.”
“Jesús te ama. Pero todos los demás piensan que eres un pendejo.”

“Evacuation plan: run bitch run!”
“Plan de evacuación: corre puta, corre!”

Finalmente, uno de mis sueños se hizo realidad: estuve en Nueva Orleáns. Quizás demasiado tarde, pero estuve en Nueva Orleáns. Y quedarán los recuerdos incrustados en mis pliegues cerebrales, unos con mayor nitidez que otros, pues la memoria se fue adormeciendo con el pasar de los huracanes etílicos, en esta ciudad a la que de corazón espero Dios le dé una segunda oportunidad.

Por cierto, Sting tenía razón… hay una luna sobre Bourbon Street.

Las fotos, aquí están…

El Superdome y el downtown detrás.

La exquisita arquitectura de corte francés.

Vudú con descuento para grupos: el rebusque da para todo.

Para la muestra un botón.

El jazz en cada esquina.

Y finalmente allí estaba, ante nosotros… Bourbon Street.

Por si las dudas…

Pat O’Brien’s, el restaurante mas popular de New Orleans. Queriamos comer, pero desde Katrina solo atiende como bar. El chef vuelve en septiembre, por si acaso…

La noche se iba calentando… ella quería collares, y haría lo que fuera por conseguirlos. Y nosotros bravos…

Y como era de esperar, la noche se siguió calentando. Esto fue en el Hustler’s Bar, donde las cámaras están prohibidas (no sea que a alguien se le ocurra tomarle una foto a alguna rubia semi-empelota y publicarla en Internet). La foto la tomó la esposa de nuestro afitrión, con la cámara escondida y por supuesto sin flash. Recomiendan enrollar un dólar, morderlo y entregárselo a la bailarina con la boca. Por supuesto lo hice y créanme, vale la pena. El dólar mejor gastado de toda mi vida. Irse de fufurufas con complicidad de la esposa es algo que sólo lo permite New Orleans.

Reflexiones inconexas (tomo III) 1. La explicaci…

Wednesday, July 5th, 2006
Reflexiones inconexas (tomo III)

1. La explicación de Nelson Pabón con respecto a los insultos proferidos en mi contra me resulta creíble y tranquilizadora: no dejaba de inquietarme una actitud tan agresiva de parte de una persona a quien he profesado permanente respeto. Por tal razón, he decidido eliminar la alusión que a su persona hago en mi entrada anterior. Sin rencores…

2. Ayer tuve la fortuna de presenciar la celebración del Cuatro de Julio desde la rueda de Chicago del acuario público de Houston, en pleno corazón del downtown de esta inmensa ciudad. Sin palabras. Uno de los espectáculos más hermosos y emocionantes a los que he asistido en mi vida.

3. Conversación entre un turista colombiano (yo) y una cajera mexicana en un Wendy’s de Katy, con voz en off de una tercera empleada que nunca pude ver:

- Discúlpeme, señora, estuve revisando mi pedido y faltan las gaseosas.
- Perdón?
- Sí señora, le decía que en el pedido que me entregaron faltan las gaseosas.
- No te entiendo! Que te falta qué?
- Las gaseosas, no me entregaron las gaseosas…
- Las gaseosas? Qué es eso??
- Pues las coca-colas, pedí dos coca-colas y no me las entregaron!
- Aaaahhhh!! Las coca-colas… Y por qué le dices gaseosas a las sodas?
- Pues porque así se llaman. Bueno, al menos así las llaman en mi país…
- Ah sí? Y cuál es tu país?
- Colombia.
- Y porqué le dicen gaseosas a las sodas en Colombia?
- Pues porque tienen gas, supongo…
- No tienen gas, tienen soda.
- Tienen gas, la soda es gas.
- Rebeca, quieres una gaseosa? (grita la cajera a una empleada de la cocina que no puedo ver).
- Una qué?? (contesta la empleada de la cocina que no puedo ver).
- Una gaseosa!! Te pregunto que si quieres una gaseosa!!!
- Una gaseosa?? Y qué chingada es una gaseosa???
- Pues una soda, figúrate que en Colombia le dicen gaseosa a la soda…
- No mames, en serio??
- Te lo juro, Rebeca, si preciso aquí en frente tengo un colombiano pidiéndome dos gaseosas…
- Jajajaja… no me hagas reír… jajaja…

Lo curioso del cuento es saber que un cajero gringo, a pesar de mi inglés precario, habría entendido desde un primer momento que en mi pedido faltaban las gaseosas. Me pregunto dónde venderán el diccionario colombiano - mexicano…

Windows, vaqueros, chapines inteligentes y docente…

Monday, July 3rd, 2006

Windows, vaqueros, chapines inteligentes y docentes indecentes

Desde un primer momento supe que detrás del accidente del vaso de leche sobre el Inspiron se ocultaba un mensaje remitido por algún ser superior que me sugería asumir el impase como un trance coyuntural. Sencillamente esas cosas no suceden porque sí: la curiosa composición pictórica de lactosa y cristal líquido no podía ser nada diferente al anuncio de un cambio drástico en mi vida. Quienes tengan en su haber un computador portátil, laptop, notebook o como quieran llamarlo, estarán de acuerdo conmigo en que éstos son adminículos absolutamente innecesarios hasta que compramos el primero. Porque a partir de ese momento se vuelven indispensables en nuestra rutina diaria, como lo son sus primitos el teléfono celular, el iPod y la Palm, garabatos tecnológicos que poca falta le hicieron a nuestros padres y abuelos para envejecer felices y comer perdices. Por esta razón, haber adquirido un portátil Dell y haberlo perdido en semejantes circunstancias me convirtió en un ser miserable: imposible seguir viviendo sin la facultad de realizar tareas vitales como por ejemplo (y por citar sólo una) revisar el correo electrónico desde la comodidad del inodoro usurpando la conexión inalámbrica del vecino. Mi felicidad dependía de reemplazarlo. Y cuanto antes, mejor. Ahí surgió la siguiente idea, engendrada por el quinto blogger al que ya me siento capaz de llamar “amigo”: y que tal si me libero definitivamente de ese engendro binario llamado Windows, de los pantallazos azules, de las ventanas huevonas con mensajes huevones, de los virus, de los spywares, de los parches, de las pérdidas de información, de los anuncios maricas sobre la ilegalidad de mi sistema operativo (como si no lo supiera, pendejos), de los cinco minutos de espera cada vez que inicio sesión, de los cinco minutos de espera cada vez que cierro sesión? Y que tal si me compro un MacBook? Y me lo compré. Y fui feliz. Y esta tarde, mientras hacía la ronda por los blogs recurrentes, me apareció esta ventanita, de la nada. Un error de Windows en un Mac? No, una poco elegante estrategia comercial de un poco confiable desarrollador informático. Cosas que pasan. Y que, sin pretenderlo, hacer reír. Y recordar lo afortunado que soy al haberme librado de Windows, aunque sea por un momento.

New Orleans
Como lo comenté en la entrada anterior, me encuentro de periplo por las tierras del Tío Sam, lo que explica mi silencio reciente. Hace pocos días y con ocasión de mi viaje tuve la oportunidad y el infinito honor de departir un rato de excelsa conversación con Chapín (sobre la cual por supuesto habrá entrada), en una especie de bar vaquero repleto de gringos asalariados y un poco idiotas.

Este viaje me ha dado material para varias entradas. Las publicaré a mi regreso, o quizás antes, si el tiempo y el calor me lo permiten.

El anticipo: la foto que durante años quise tomar…

New Orleans