Rayito de luz En la vida hay un futuro además d…
Thursday, August 31st, 2006En la vida hay un futuro además de la muerte.
Algo que me sucedió hace pocos minutos me motivó a escribir nuevamente y no sé por dónde empezar. Sí, ya sé que están pensando que soy un payaso sin palabra o sin memoria o sin vergüenza o sin las tres y hasta más y tienen razón. No pretendo negar que hace pocos días anuncié mi retiro fulminante, definitivo e irreversible del mundo blogger; pero ya ven, aquí estoy de regreso, arrepentido, con el rabo entre las piernas, con el hocico partido y la mirada perpleja como el perrito del Chavo del Ocho. Y es que, como El Chavo del Ocho, yo también sentí la necesidad de meterme en mi barril a llorar mi pena solito y después sentí la necesidad de salir a confirmar que a pesar de todo todavía me sobran los motivos para seguir viviendo y que quiero gritarlo a los cuatro vientos. Moraleja propia: aprender a tener la boca cerrada y no ceder a los impulsos. Moraleja ajena: no dejarse ilusionar por futuros anuncios de dimisión. Dejar de escribir jamás será para mí el resultado de una decisión. Sencillamente algún día desapareceré con la misma discreción con la que aparecí, sin avisos, sin anuncios previos, sin alardes, ni pompas, ni ceremonias, porque para cuando haya perdido el instinto comunicativo me dará tanta pereza hablar de ello que ni para redactar mi despedida tendré aliento.
Como lo comenté, no sé por donde empezar. -”¡Por el comienzo!”- me diría mi mamá si estuviera aquí a mi lado. Pero no. Esta vez no le voy a hacer caso a mi mamá, que no está aquí a mi lado sino que me habla desde mi imaginación o desde ese profundo amor de madre que no repara en las distancias y que le brinda a mi superheroína favorita la capacidad de llegar a mí con tan sólo susurrar mi nombre (telepatía, lo llamarían los místicos, omnipresencia, los religiosos, teletransportación, los hombres de ciencia. Yo lo llamo amor de madre).
Así que, señoras y señores, voy a empezar por el final:
A pesar de todo el dolor que he sentido en los últimos días, me sobran los motivos para seguir viviendo.
Un momento, ¡eso ya lo había dicho antes! Lo siento, empecé por el final aún antes de haber anunciado que lo haría. Es más, empecé por el final incluso antes de haber decidido hacerlo. No sólo desobedecí a mi mamá, que me habló desde la imaginación. Me desobedecí a mí mismo. O quizás mi inconsciente se hizo pasar por mi mamá para distraerme mientras sacaba provecho de mi descuido y se adueñaba de mi voluntad. Por fortuna, esta vez mi inconsciente y yo estuvimos de acuerdo en lo de empezar por el final. Eso no es habitual, pocas veces mi inconsciente y yo coincidimos en una decisión.
Ahora bien, ya que saben el final de la historia, quizás sea oportuno que conozcan el principio, el origen de ese impulso reparador y optimista que me ha permitido emerger de la tristeza y el desaliento en uno de los momentos más duros de mis treinta y dos años de vida: tengo unos papás maravillosos, que me siguen cuidando como cuando era un niño (para ellos siempre lo seguiré siendo, me dice mi mamá). Tengo una esposa presta a recoger y pegar los pedazos de mi corazón cada vez que se rompe. Tengo un hijo que no ha dejado los pañales pero que ya sabe curar las penas del alma, como cuando cuando me dice “papá, te amo, no lloes…”. Tengo un hermano mayor que nunca dejará de serlo, y eso me da una infinita tranquilidad. Me quedan un puñado de buenos amigos, unos poquitos de toda la vida que cargaron con el mismo dolor que cargué yo, otros que me han acompañado en los últimos años y que me ofrecieron su hombro para llorar, así fuera a la distancia, y otros amigos recientes cuyo afecto me desconcierta, halaga y emociona infinitamente. Uno, guatemalteco él, me dedicó unas líneas que me llegaron al alma. Otro, cachaco costeñizado, me lidió la depresión con paciencia monástica. Muchas personas registraron sus voces de solidaridad en el blog y en el teléfono, sé quiénes son y les estaré eternamente agradecido. Algunos dejaron comentarios aquí a pesar de no ser bloggers. No saben cuánto me alegra que se venza ese tabú tonto de que hay que ser dueño de un blog para opinar en otro.
Y entre tantas muestras de afecto acabo de recibir una que me conmovió especialmente, porque me cuesta creer que en este mundo descompuesto aún existan seres con un corazón tan grande como el de mi amigo Néstor, que para ayudarme a creer en que a pesar del acecho de la muerte aún hay esperanza para la vida me comunica la maravillosa primicia de la llegada de su nuevo hijo (niño o niña, no se sabe aún), y no bastándole con eso me pide que sea yo el encargado de hacer pública la noticia: señoras y señores, me place informarles que por tercera vez en su vida nuestro amigo Néstor se dispone a convertirse en papá. Y es que además de la noticia me emociona que una persona que no necesita haber compartido conmigo la presencia física para considerarme su amigo me busque durante dos días con el objetivo concreto de compartir conmigo algo de su inmensa y apenas lógica felicidad, porque entiende que en este momento necesito llenarme de motivos para seguir creyendo que en la vida hay un futuro además de la muerte. Hay gente que nace para dar. Néstor Ibañes es un ejemplo de ello.
Felicitaciones, viejo Ness. Y gracias, porque por usted un nuevo rayito de luz alumbra en mi corazón.





