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Archive for August, 2006

Rayito de luz En la vida hay un futuro además d…

Thursday, August 31st, 2006
Rayito de luz

En la vida hay un futuro además de la muerte.

Algo que me sucedió hace pocos minutos me motivó a escribir nuevamente y no sé por dónde empezar. Sí, ya sé que están pensando que soy un payaso sin palabra o sin memoria o sin vergüenza o sin las tres y hasta más y tienen razón. No pretendo negar que hace pocos días anuncié mi retiro fulminante, definitivo e irreversible del mundo blogger; pero ya ven, aquí estoy de regreso, arrepentido, con el rabo entre las piernas, con el hocico partido y la mirada perpleja como el perrito del Chavo del Ocho. Y es que, como El Chavo del Ocho, yo también sentí la necesidad de meterme en mi barril a llorar mi pena solito y después sentí la necesidad de salir a confirmar que a pesar de todo todavía me sobran los motivos para seguir viviendo y que quiero gritarlo a los cuatro vientos. Moraleja propia: aprender a tener la boca cerrada y no ceder a los impulsos. Moraleja ajena: no dejarse ilusionar por futuros anuncios de dimisión. Dejar de escribir jamás será para mí el resultado de una decisión. Sencillamente algún día desapareceré con la misma discreción con la que aparecí, sin avisos, sin anuncios previos, sin alardes, ni pompas, ni ceremonias, porque para cuando haya perdido el instinto comunicativo me dará tanta pereza hablar de ello que ni para redactar mi despedida tendré aliento.

Como lo comenté, no sé por donde empezar. -”¡Por el comienzo!”- me diría mi mamá si estuviera aquí a mi lado. Pero no. Esta vez no le voy a hacer caso a mi mamá, que no está aquí a mi lado sino que me habla desde mi imaginación o desde ese profundo amor de madre que no repara en las distancias y que le brinda a mi superheroína favorita la capacidad de llegar a mí con tan sólo susurrar mi nombre (telepatía, lo llamarían los místicos, omnipresencia, los religiosos, teletransportación, los hombres de ciencia. Yo lo llamo amor de madre).

Así que, señoras y señores, voy a empezar por el final:

A pesar de todo el dolor que he sentido en los últimos días, me sobran los motivos para seguir viviendo.

Un momento, ¡eso ya lo había dicho antes! Lo siento, empecé por el final aún antes de haber anunciado que lo haría. Es más, empecé por el final incluso antes de haber decidido hacerlo. No sólo desobedecí a mi mamá, que me habló desde la imaginación. Me desobedecí a mí mismo. O quizás mi inconsciente se hizo pasar por mi mamá para distraerme mientras sacaba provecho de mi descuido y se adueñaba de mi voluntad. Por fortuna, esta vez mi inconsciente y yo estuvimos de acuerdo en lo de empezar por el final. Eso no es habitual, pocas veces mi inconsciente y yo coincidimos en una decisión.

Ahora bien, ya que saben el final de la historia, quizás sea oportuno que conozcan el principio, el origen de ese impulso reparador y optimista que me ha permitido emerger de la tristeza y el desaliento en uno de los momentos más duros de mis treinta y dos años de vida: tengo unos papás maravillosos, que me siguen cuidando como cuando era un niño (para ellos siempre lo seguiré siendo, me dice mi mamá). Tengo una esposa presta a recoger y pegar los pedazos de mi corazón cada vez que se rompe. Tengo un hijo que no ha dejado los pañales pero que ya sabe curar las penas del alma, como cuando cuando me dice “papá, te amo, no lloes…”. Tengo un hermano mayor que nunca dejará de serlo, y eso me da una infinita tranquilidad. Me quedan un puñado de buenos amigos, unos poquitos de toda la vida que cargaron con el mismo dolor que cargué yo, otros que me han acompañado en los últimos años y que me ofrecieron su hombro para llorar, así fuera a la distancia, y otros amigos recientes cuyo afecto me desconcierta, halaga y emociona infinitamente. Uno, guatemalteco él, me dedicó unas líneas que me llegaron al alma. Otro, cachaco costeñizado, me lidió la depresión con paciencia monástica. Muchas personas registraron sus voces de solidaridad en el blog y en el teléfono, sé quiénes son y les estaré eternamente agradecido. Algunos dejaron comentarios aquí a pesar de no ser bloggers. No saben cuánto me alegra que se venza ese tabú tonto de que hay que ser dueño de un blog para opinar en otro.

Y entre tantas muestras de afecto acabo de recibir una que me conmovió especialmente, porque me cuesta creer que en este mundo descompuesto aún existan seres con un corazón tan grande como el de mi amigo Néstor, que para ayudarme a creer en que a pesar del acecho de la muerte aún hay esperanza para la vida me comunica la maravillosa primicia de la llegada de su nuevo hijo (niño o niña, no se sabe aún), y no bastándole con eso me pide que sea yo el encargado de hacer pública la noticia: señoras y señores, me place informarles que por tercera vez en su vida nuestro amigo Néstor se dispone a convertirse en papá. Y es que además de la noticia me emociona que una persona que no necesita haber compartido conmigo la presencia física para considerarme su amigo me busque durante dos días con el objetivo concreto de compartir conmigo algo de su inmensa y apenas lógica felicidad, porque entiende que en este momento necesito llenarme de motivos para seguir creyendo que en la vida hay un futuro además de la muerte. Hay gente que nace para dar. Néstor Ibañes es un ejemplo de ello.

Felicitaciones, viejo Ness. Y gracias, porque por usted un nuevo rayito de luz alumbra en mi corazón.

Chau, amigo Qué doloroso me resulta despedir a u…

Thursday, August 24th, 2006
Chau, amigo

Qué doloroso me resulta despedir a un ser del que no conservo más que buenos recuerdos. Pero conociendo al Gordo como llegué a conocerlo, sé lo ridícula y cursi que le parecía la melancolía. Sencillamente no resisitía el melodrama. Mil veces lo vi llorar de rabia y de alegría, pero juro que jamás lo ví llorar de tristeza. “Tristeza” era una palabra que no existía en su diccionario personal, puedo asegurarlo. Por eso, a pesar de este dolor desgarrador e infinito que me está carcomiendo por dentro desde hace varios días con sus noches, me he hecho el propósito de despedir a mi amigo del alma de la manera que él habría querido, dejándole espacio sólo a los buenos recuerdos y tratando de mantener intacta esa dignidad que él siempre le reclamó al mundo y que defendió con los dientes hasta su último rezago de vida.

Haré mi mejor esfuerzo.

El Gordo García, más que uno de mis mejores amigos, era esencialmente mi hermano de sangre. Nuestro lazo de sangre surgió a los cuatro años, cuando me rompió la cabeza con una lonchera del Hombre Nuclear porque le dije que en mi pandilla no aceptábamos gordos. A partir de ese momento, encontramos en la violencia física un recurrente canalizador afectivo. A medida que fuimos creciendo reincidimos en episodios de íntima amistad con puñetazos a bordo, en cada uno de los cuales la sangre corrió libremente. Confieso, sin embargo, que hubo una parte de nuestra tradición que nunca consideré justa: la sangre siempre la puse yo. Nos hicimos adolescentes y empezamos a compartir las mismas aficiones y pasiones. Cada una de ellas consituyó un capítulo aparte en la novela de nuestra amistad. Jamás conseguiré volver a escuchar a Charly García, el cantante, sin traer a mi mente a Charly García, el amigo. El amigo que me explicó que “Cómo conseguir chicas” no era un manual de autosuperación sino el mejor disco de un argentino flacucho de bigote bicolor que se inventó el rock en español. El amigo con el que jugamos a ser rock stars, al que en la antesala de nuestro primer concierto abracé con todas mis fuerzas mientras le juré al oído que algún día seríamos tan famosos como Soda Stereo o The Police. Nunca lo fuimos. Pero soñamos con ello. Y fuimos felices. El amigo que me hizo entender que había momentos en que las mujeres eran la prioridad, y que no podía pedirle que me acompañara cada vez que me tocara hacerle visita a la primera novia que me conseguí. Qué culpa tenía yo, si la pasaba más rico caminando por la carrilera y pateando piedras e inventando chistes y películas de terror y de suspenso con mi amigo que jugando al amor con mi novia. Como era de esperarse, el noviazgo no duró. Y a la larga poco me importó, ahí tenía a mi Gordo para emborrachar la pena. Y fue así como vino el trago, y de la misma manera en vez de pisar la hierba un día decidimos probarla. Nunca le perdoné que el único porro que armé en mi vida se lo fumó él, solo.

- Y mi bareto?
- Me lo fumé, man.
- Y no me dejó ni un poquito?
- No, man.

A pesar de mucho esfuerzo por evitarlo nos volvimos adultos. Y con la edad adulta llegó la arquitectura a nuestras vidas, y con ella las entregas de taller, las sustentaciones, los referentes teóricos, las composiciones volumétricas, las tensiones axiales y, por supuesto, las trasnochadas pasadas por tinto y cigarrillo. No estudiamos en la misma universidad, qué más hubiera querido yo, pero trasnochábamos juntos. Recuerdo una noche en la que mientras yo hacía la maqueta del Edificio Rueda él me hacía los planos como los hacían los arquitectos de verdad, con rapidógrafo y tinta china.

- Oiga Daniel, pero en su universidad por qué no los hacen diseñar?
- No sé, Gordo, acaso es que en la suya son muy verracos o que?
- Pues no me va a decir que la Javeriana es mejor que la Nacho…
- ¡¡Ah!!… más bien apúrele que son las 3 y la entrega es a las 7.

Y por él pude presentar mi entrega completica, a las 7. Le prometí un regalo, creo que nunca se lo di. Pero sí le di regalo cuando se graduó. Duré todo un día buscándoselo, hasta que lo encontré. Lo envolví en papel blanco y le escribí en un extremo la célebre frase de Mies Van der Rohe, “menos es más”. Espero que haya entendido lo que le quería decir. Pasaron los años y a diferencia de muchos que corremos tras las arquitectura para que no nos deje atrás, él se dio el lujo de abandonarla a su suerte. Ese día la arquitectura perdió a una de sus mejores promesas. Y aunque siempre pensé que el hijo pródigo regresaría al cubil, eso nunca ocurrió: cuando el Gordo tomaba una decisión, era para siempre. Y un día decidió convertirse en diseñador Web, y fue el mejor. Y cuando monté mi empresa él se ofreció a hacerme la página de Internet y creo que nunca se la terminé de pagar y a él no le importó porque nunca llamó a cobrarme y sin embargo seguía trabajando en una nueva versión que jamás alcancé a ver. Y justo antes de emprender ese viaje del que no regresó nos prometimos que algún día volveríamos a trabajar juntos, y a soñar juntos, y a hacer música juntos. Esa habría sido una buena razón para desempolvar la guitarra que guardé el día en que sentí que sin él en el bajo tocar rock no me apasionaba tanto.

Me pregunto, ahora que el Gordo no está, quién me va a rescatar del ridículo y del pánico escénico cuando a mi esposa le den ganas de bailar.

- Mi amor, bailamos?
- Pues estoy como cansado, pero El Gordo está que se baila.

Y el Gordo se paraba y bailaba. ¡Y qué bien lo hacía! Sus habilidades en la pista de baile lo hicieron darse a conocer como “el señor ritmo”. Todas la mujeres se peleaban por bailar con él, y más de una quedaba perdidamente enamorada a la tercera canción.

- Qué va a hacer esta noche, Gordo?
- Pues no sé, tengo ganas de irme a bailar.

Y se iba a bailar, sólo, o acompañado, daba igual. Para bailar no hacía falta pareja. Con que hubiera buena música bastaba. “Sienta el bajo, sienta el bajo…”, me decía al oído cuando me veía perdido en medio de una canción. Y yo cerraba los ojos, sentía el bajo y como por arte de magia recuperaba el ritmo. Ritmo que se preocupaba por hacerme retomar siempre, en todas las instancias de mi vida. Una de las últimas veces que hablé con él le expresé mis inquietudes y angustias ante los retos que estaba a punto de enfrentar. -”Ánimo, vamos a cumplir nuestros sueños, los suyos y los míos”-, fue lo último que me dijo.

Gordito, jamás podré terminar de agradecerle todo lo que hizo por mí. Ni yo, que lo llevo en las venas, ni Andrea, que lo quizo como a un hermano, ni Jacobo, que se convirtió en su sobrinito, podremos olvidarnos de nuestro vaquero espacial. A donde quiera que se haya ido, le ruego que me guarde un campito. Le prometo que algún día le pediré que me reciba en el que entonces sea su hogar.

Lo quiero mucho. Por favor no me olvide.

Larga vida a Trema, larga vida a Códice, larga vida a EspacioV, larga vida a Verki Estudio.

Vida eterna a nuestra amistad, compañero de ruta.

A mi mejor amigo Descanse, hermano. Descanse. L…

Monday, August 21st, 2006
A mi mejor amigo

Descanse, hermano. Descanse.

Lo llevo en mi corazón.

Carlos Andrés García (1974 - 2006)

Para la mujer que alguna vez fue mi novia Esta e…

Saturday, August 19th, 2006

Para la mujer que alguna vez fue mi novia

Esta entrada está inspirada en el más reciente post de Juan Falla, dedicado al absurdo que constituye el matrimonio como respuesta a un embarazo no planeado. Y como me ha sucedido en varias oportunidades, lo que se origina como un comentario en otro blog termina derivando en una entrada en el mío. Coincido plenamente con las posiciones expuestas en el artículo: todo matrimonio condicionado por factores externos está sentenciado casi que matemáticamente al fracaso. Una decisión tan seria y drástica como la del matrimonio debe generarse en absoluta libertad de espíritu y consciencia de dos seres que quieren entregarse el uno al otro y compartir el resto de su vida. El artículo de Juan trajo a mi memoria un episodio que había querido olvidar pero que hoy asumo como una bendición para mi vida.

Una tarde hace cuatro años entré a mi apartamento y encontré a mi novia sentada en el sofá, con lágrimas en la cara y una prueba de embarazo entre las manos. -“Estoy embarazada, no sé qué vamos a hacer…”- fueron sus palabras. Me quedé sin aire, sentí que las piernas me temblaban. Yo, que proclamaba a los cuatro vientos mi firme determinación de “no traer niños a sufrir a este mundo”, me estrellaba de frente al aterrador escenario de la paternidad responsable. -“Qué quieres hacer?”- le pregunté mientras prendía un cigarrillo entre movimientos torpes. -“No sé, no sé nada…”- me respondió ella mirando al techo y mordiéndose los labios en un intento por contener el llanto. Conversamos varias horas, analizamos escenarios, evaluamos situaciones y decidimos que respetaríamos la vida de nuestro hijo por sobre todas las cosas, que lo tendríamos y que nos casaríamos para darle el hogar que merecía. A los pocos días reunimos a nuestros papás y les comunicamos la noticia y nuestra intención de casarnos (sin duda alguna ese último detalle suavizó el impacto), celebramos con hermanos y amigos, y poco a poco nos metimos en una película que se fue haciendo más y más fascinante: la de jugar a los papás por un momento, soñar con los juguetes que le compraríamos, la primera ropa que le pondríamos, la pintura de su cuarto, el papel de colgadura, el osito de peluche.

Pocas semanas después, mi novia me llamó desconsolada. Estaba en la Clínica Palermo. Había sufrido una hemorragia y había perdido el bebé.

No hay palabras que describan el dolor que sentí en aquel momento. Recuerdo que al llegar a la clínica encontré a mi papá y no pude más que abrazarlo y explotar en llanto. Aquello que parecía una pesadilla y que con el pasar de los días se fue convirtiendo en el más dulce de los sueños acababa de terminar. No seríamos padres. No por el momento. No habría juguetes, ni ropa de bebé, ni papel de colgadura, ni ositos de peluche. Pero se mantenía el infinito amor que sentía por mi fugaz compañera de paternidad y no vimos razón alguna para cancelar la formalización de nuestra unión. Nos casamos una noche de noviembre y un año después la prueba volvió a salir positiva.

Reflexiones inconexas (tomo IV) Debería unversal…

Friday, August 18th, 2006
Reflexiones inconexas (tomo IV)

Debería unversalizarse la base de que un hombre no lo es menos cuando le cambia el pañal a su hijo.

1. Austin es conocida como la ciudad musical de Estados Unidos. El equivalente a Ibagué pero con rascacielos, edificios de cristal y un precioso capitolio que envidiaría el mismísimo Washington. Los
Rolling Stones se presentan en Austin el próximo 22 de octubre e intuyo que si no es ahora no será nunca. Bastante me entristece la certeza de que me morí sin ver a Pink Floyd en vivo. No quisiera que me pasara lo mismo con los Stones.

2. A la impertinencia de mi vejiga le debo la grata sorpresa de haber encontrado en este país cambiadores de pañales para bebés en el interior de varios baños de hombres en sitios públicos. Más allá del económico, industrial, tecnológico o militar, le admiro a cualquier sociedad ese desarrollo mental que se refleja, por ejemplo, en la aceptación y defensa del derecho a la paternidad además del de la maternidad. Debería unversalizarse la base de que un hombre no lo es menos cuando le cambia el pañal a su hijo. Me gusta también que en muchos sitios, además de los típicos baños de hombres y de mujeres, exista el concepto del baño familiar. Hay menesteres del ámbito de la intimidad que deben resolverse en familia.

3. Ayer, en contra de mi voluntad, me limpiaron el panorámico del carro mientras esperaba la luz verde en el cruce de Gessner y Bellair, rumbo hacia la que por estos días es mi casa. El rebusque no es exclusividad del tercer mundo.

4. Autodesk y Microsoft tienen montada una suerte de alianza satánica. Autodesk es la mafia industrial y comercial detrás de AutoCad. Microsoft es la mafia industrial y comercial detrás de Windows. Y por alguna razón ambas piezas de software van por el mundo como hermanitos siameses, pegaditos por el abdomen en simbiosis eterna. AutoCad es para el arquitecto lo que Word es para un abogado, Excel para un contador público y Age of Empires para un desempleado. Y en mi condición de arquitecto dicidente de Windows pero condicionado a las pautas de un escenario laboral esclavizado a los estándares y absolutamente reacio al cambio, no he tenido más alternativa que aprovechar la novedosa recursividad tecnológica de Mac e instalarle Windows XP a mi equipo, para cargarlo a través de un “dual boot” cuando es extrictamente necesario. El resultado? Bloqueos inesperados, pantallas azules, amenazas de virus, inicios de sesión de 5 minutos (Mac Os X carga en 10 segundos), cierres de sesión de 10 minutos, mensajes pendejos, más mensajes pendejos, etcétera. En conclusión, nada fuera de lo normal. Para los que tengan dudas, Windows en un Mac no funciona ni mejor ni peor que en un PC. Así que si no tiene más remedio y está decidido a profanar su máquina, puede hacerlo sin temor adicional al que de por sí produce trabajar sobre el sistema operativo más lento e inestable que existe.

5. En el Museo de Finas Artes de Houston (MFAH) se realiza por estos días y hasta el 10 de septiembre la exposición “The Spirit of Ancient Colombian Gold” (El Espíritu del Antíguo Oro Colombiano), evento organizado por el Museo del Oro del Banco de la República y The West Foundation. Hoy vi el anuncio y sentí mariposas en el estómago.

SRV - Tributo Pues estimulado por los vlogs de C…

Sunday, August 13th, 2006

SRV - Tributo

Pues estimulado por los vlogs de Chapín y de Juan Falla, artistas cuyo talento comunicativo admiro profundamente, finalmente me animé a hacer mi primer intento de vídeo. Bueno, más que un vídeo es una especie de slide show musicalizado, una secuencia de imágenes recopiladas durante años y que comparto con los visitantes de este blog (que por cierto continuará exhibiendo su “b larga”), a manera de tributo a ese ser que iluminó mi vida con su música.

Me gustaría que disfrutaran viendo este vídeo tanto como yo disfruté elaborándolo, escogiendo las fotografías, editando las secuencias y jugando al director de cine en una tarde que se anunciaba aburrida y que disfruté infinitamente bajo el maravilloso influjo de la música. Sólo espero que alguno de ustedes se deje seducir por estos acordes, arpegios, riffs y punteos. Si logro ese propósito, me sentiré feliz de saber que pude proveerle a alguien una razón más para vivir: la música de Stevie Ray Vaughan.

Plato del día: Guatemala, Medellín, Houston Toda…

Thursday, August 10th, 2006
Plato del día: Guatemala, Medellín, Houston

Toda ciudad merece ser vivida en la intimidad de la propia compañía.

Hace varias semanas conocí personalmente a Chapín y con él son ya tres los bloggers con los que he conseguido superar la barrera de la virtualidad. Bueno, cinco si cuento al Gerente y a Ness, con quienes no he podido verme pero que ya son de la familia.

El hecho es que el fin de semana pasado Chapín me invitó a su casa, me soprendió con un maravilloso regalo traído directamente desde Chapinlandia, me presentó a su bella esposa y a su adorable madre (o a su adorable esposa y a su bella madre, la adjetivación puede invetirse sin problema), me convidó a su mesa y deleitó mi paladar con un poquito de Guatemala, Medellín y Houston servidos con aderezo en un mismo plato. Y en medio de todo eso yo, un simple bogotanito desorientado en esta mole de ciudad, que aún no entiende en qué momento se hizo merecedor de tantos afectos. Afectos que se agradecen con el alma, y dejo aquí testimonio.

Como no llevé cámara al almuerzo, publico foto de nuestro primer encuentro… (mi tercer blind date bloguero). En la imagen, Chapín, mi esposa y yo.


P.D.: Al señor Chapín se le hace saber que de nada sirvió el mapa que con tanto esmero me elaboró para el regreso… -”Ten mucho cuidado, ¡no te vayas a pasar de la 59!”- me advirtió él y, como era de esperar, me pasé de la 59 (ni siquiera la vi y eso que es una autopista la triple hijuep…) y como por arte de magia terminé en el downtown, lo cual no estuvo del todo mal porque disfruto inmensamente ir a ese lugar y nunca había tenido la oportunidad de recorrerlo solo. Toda ciudad merece ser vivida en la intimidad de la propia compañía.

Distanciamiento Puede que ahora que el problema …

Friday, August 4th, 2006

Distanciamiento

Puede que ahora que el problema de la violencia doméstica subió de estrato se haga algo por combatirlo.

Pocos meses después de entregar la alcaldía de Bogotá y tras una estupenda gestión administrativa (digo yo, en ejercicio del derecho a la opinión), a Enrique Peñaloza le escuché comentar que había decidido ausentarse un tiempo de Colombia para aprovechar la claridad conceptual que el distanciamiento daba sobre la problemática nacional. Ahora que me encuentro fuera del país he venido descubriendo que esas palabras no eran tan insulsas como en un principio pensé. Me bastó toparme con la re-transmisión de un noticiero nacional para responderme, así sea parcialmente, la pregunta que alguna vez me hizo un amigo alemán y que nunca le supe responder por la sencilla razón de que es muy jodido analizar un problema cuando se llevan treinta y dos años comiendo de él:
¿cómo es posible que un país tan maravilloso esté tan puteado? Ahora bien, lo más triste del asunto es que puedo asegurar que si hubiera visto el noticiero desde el calor de mi hogar habría asumido la misma actitud pendeja y simplista que asumí cuando los carniceros de las FARC volaron el Club El Nogal, o cuando los franceses anunciaron la realización de una prueba nuclear en el Atolón de Muroroa, por allá en el Pacífico Sur.

Dos noticias que me pusieron a pensar:

1. Muy triste, vergonzoso, reprochable, desagradable, condenable, criticable, censurable y hasta ex-comulgable que un guajiro borracho coja a su esposa de pera de boxeo porque la susodicha se puso a bailar con otro indivíduo en el apogeo de una fiesta de matrimonio. Más triste aún la institucionalización del machismo en algunas regiones del país: tanta insistencia de los familiares de la víctima con respecto a su rectitud, honorabilidad, fidelidad e inocencia en las circunstancias que generaron el ataque de celos pareciera insinuar que una eventual conducta díscola habría podido justificar la golpiza. Pero lo más triste de todo es que tenga que ser una dama de la alta sociedad barranquillera la maltratada para que el abuso produzca consternación nacional y merezca primera página en los peródicos, titulares en los noticieros y hasta entrevista radial conducida ni más ni menos que por su majestad Julio Sánchez Cristo. Más de cien mil casos de violencia intrafamiliar contra la mujer, muchos de ellos con desenlace fatal, son denunciados anualmente ante la Fiscalía General de la Nación. Nadie menciona esos casos porque las víctimas no cuentan con palancas en los medios de comunicación, ni plata, ni influencias, ni apellido, porque no pertenecen a las “familias prestantes” de la sociedad encopetada de turno. Puede que ahora que el problema de la violencia doméstica subió de estrato se haga algo por combatirlo. Quedó en evidencia que mientras fuese un asunto de gentes pobres a nadie le interesaría abordar el tema, como a nadie, hoy en día, le importa realmente el del maltrato infantil. Habrá que esperar que a un niño del Chicó le den con el cable de la plancha o le quemen la mano con una cuchara caliente o le pongan una cadena en el tobillo para que los colombianos decidamos no seguir tolerando el martirio de nuestros niños. Qué tristeza.

2. Durante más de cuatro décadas Colombia ha padecido, como no lo ha hecho ninguna otra nación del mundo, los embates de una violencia demencial que ha dejado cientos de miles de muertos a través de los años. Sin embargo, algunos colombianos consideran más oportuno atacar a piedras la sede de la embajada de Israel en Bogotá como protesta por los bombardeos contra el Hezbolá y el pueblo libanés, que manifestarse en contra de las masacres, secuestros, desapariciones, torturas, intimidaciones que nos deja nuestra guerra doméstica ahí, a la vuelta de la esquina. Que mueran niños colombianos no es tan grave, finalmente mueren todos los días. ¿Esnobismo? ¿Estupidez? Ambas cosas.

J. Qué difícil me resulta ser padre. Desear lo m…

Wednesday, August 2nd, 2006

J.

Qué difícil me resulta ser padre. Desear lo mejor para mi hijo y no saber en dónde encontrarlo. Obsesionarme con el anhelo de poner la felicidad en sus manos. Y en medio de esa búsqueda frenética, en una noche silenciosa y vacía como ninguna que recuerde, a miles de kilómetros de distancia de ese ser que engendré, que vi nacer y del que juré nunca separarme, dudar si la felicidad que intento atrapar para él es realmente la que se merece, la que necesita, la que me reclama en sus silencios indescifrables.

A esta hora, él duerme. Me pregunto si no debería hacerlo abrazado a su papá y no a un oso de peluche.

Extraño mucho a mi hijo.