En vista de que la Real Academia de la Lengua Española se rehusa a incluírlo en su diccionario, me remito a Wikipedia para definir el siguiente neologismo de origen inglés:
HACKER: (del inglés hack, hachar) es el neologismo utilizado para referirse a un experto (véase Gurú) en varias o alguna rama técnica relacionada con las tecnologías de la información y las telecomunicaciones: programación, redes de computadoras, sistemas operativos, hardware de red/voz, etc.
Gran revuelo se ha generado recientemente en la “blogósfera colombiana” por el sabotaje del que se han convertido en víctimas varios bloggers y sus respectivos sitios de Internet, en un clarísimo y repudiable atentado a la libertad de expresión. Lo más triste del episodio es que los responsables de esta canallada han logrado su cometido primario: sembrar anarquía y terror. Lo mismo que logran los cuatreros de este país que ponen bombas, mutilan cabezas con sierras eléctricas o lanzan cilindros de gas. Para desgracia de la especie humana y la civilización, algunos descerebrados se muestran proclives a la ficticia sensación de poder que conceden la fuerza y la brutalidad; es bien común en nuestra idiosincracia eso de tomar el atajo, el camino del menor esfuerzo, y en esa medida a algunos les resulta profundamente atractivo combatir las ideas con violencia, siendo éste el recurso por excelencia de cara a la extinción neuronal. Por esto, no sorprende que los artífices de esta reciente y por demás genial muestra de estupidez -tan colombiana como el secuestro, el narcotráfico, el sicariato y la arepa-, hayan preferido dedicar más horas al aprendizaje de truquitos ordinarios de terrorismo informático que al estudio de la ortografía castellana, o al de la historia patria, o al de principios elementales de tolerancia y sana convivencia.
Puedo decir que a lo largo de mi vida sólo he tratado con un personaje al que me atrevería a definir como un hacker de verdad. Tras mucho trasegar por las enmarañadas sendas de la computación, este indivíduo desarrolló un revolucionario sistema de administración logística y contable para cadenas hoteleras y hoy gana muy bien por las licencias que distribuye en varios países de América Latina. Creaba complejas aplicaciones informáticas en momentos en que la humanidad aprendía a revisar su correo electrónico. Y por eso me produjo tanta admiración verlo alguna vez sentado frente a esa pantalla de computador que más parecía una piedra de roseta, inmerso en un mar de líneas de programación semejantes a jeroglíficos ininteligibles para una mente convencional como la mía. Por el contrario, robar una contraseña y adueñarse de una cuenta de correo y de un blog y de la intimidad de una persona para razguñarle a la sociedad algo de atención y vomitar la pobreza mental y el resentimiento de una existencia desafortunada, más que la tarea de un hacker, se me asemeja a la actividad clandestina de un cascarero, de un raponero, de un “cosquillero” de esos que abundan en los Transmilenios. Hasta para delinquir se requiere cierto estilo.
En honor a la verdad, las Confesiones al Desnudo de Lully jamás han sido de mi particular agrado. En alguna ocasión hice saber a la dueña de casa que consideraba algo prosáica su narrativa sexual, y que vislumbraba en sus relatos un cierto amarillismo erótico claramente enfocado al rating. Simples apreciaciones personales que me hicieron perder una lectora hasta entonces fiel. Lully, a quien siempre consideraré una dama en el sentido extenso de la palabra y una amiga de esta casa y de este servidor, merece toda mi solidaridad y apoyo en este momento difícil. Una persona que promulga el sano ejercicio del amor en cada uno de sus escritos, sufre la embestida de esta guerra demencial que carcome a nuestro país y que ya se pabonea en lo que alguna vez fue un templo de la libre expresión. Espero que sus confesiones vuelvan pronto, para que en la blogósfera haya más motivos para debatir y reflexionar en medio de esta limitada pero inquieta inteligencia que nos aglutina como bloggers. Espero también, aunque no soy muy optimista al respecto, que las opiniones aquí expresadas no me conviertan en objetivo militar de los asesinos de ideas que pretenden sembrar el caos e imponer su doctrina de estupidez. A pesar de lo molesto que puede llegar a ser que alguien monitoree nuestra intimidad, ya hace algunos meses tuve que acudir a la unidad de delitos informáticos de la DIJIN en busca de asesoría y protección ante un supuesto asesino que me amenazaba de muerte y que resultó ser un niño de catorce años al que sus padres no prestaban la suficiente atención. He seguido paso a paso las recomendaciones de los ciber-gurús que tengo a mano. Y aunque sé que uno nunca está seguro con esta gente, y pese a mi decisión de marginarme de los temas espinosos, en esta ocasión no me podía quedar callado (juro que lo intenté). Prometo a mis pocos pero fieles lectores que si por casualidad me tumban volveré con más fuerza e ímpetu, y los invito a unirse a esta cruzada emprendida ya en varios blogs en contra de la imposición de la ignorancia como modelo de vida, y de la indiferencia como cómplice de los que pretenden dominarnos con la valentía de quien se enmascara para atacar por la espalda.