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Archive for July, 2007

El beneficio particular

Friday, July 27th, 2007

Un país en el que por décadas se ha antepuesto el beneficio particular al colectivo es un país condenado a la injusticia y a la peor de las miserias. Como Colombia, en donde los productores de drogas han impuesto su modus vivendi sin contraprestaciones: nuestro principal producto de exportación no nos deja regalías, la torta se la reparten entre guerrillos, paracos, traquetos y políticos. Y sin embargo, cada uno de nosotros, los que no tenemos nada que ver con el negocio, tenemos que mamarnos la violencia, el miedo, y cargar con el lastre de una de las nacionalidades más menospreciadas, rechazadas y perseguidas del mundo. Qué jodido es pasar un puesto de inmigración con ese pasaporte marrón. Mientras que para nosotros Colombia es pasión, para la mayoría de funcionarios consulares del planeta Colombia no es más que cocaína y putas. Pagamos todos los colombianos por unos pocos hamponcillos de tercera que bastardean nuestra nacionalidad para reunir con qué financiar las tetas de caucho de la monita cuquinegra y encuerada de turno o instalarle tapicería piel de vaca a la Toyota caresapo con mataburros dorado y silla de montar colgando del retrovisor. Otros, de fina estirpe ellos, se han limpiado el trasero con el tricolor patrio para tener con qué comprarse la Presidencia de la República, ahí estarse y ahí quedarse. ¿Y el pueblo?… el pueblo que coma mierda.

Por eso, no sorprende en lo más mínimo que la ciudad capital de nuestro país amanezca paralizada por cuenta de los taxistas, que haciendo uso de las radiofrecuencias cedidas en concesión para su disfrute y beneficio particular (de la misma manera en la que se concedió el uso de las Islas del Rosario para disfrute de unos pocos ricachones tipo “Juan del Mar”) enfocan esa creatividad de la que nos sentimos tan orgullosos los colombianos no para provecho de la calidad del servicio, sino para la planeación y logística de actos de sabotaje y terrorismo urbano. Porque me perdonarán los librepensadores, pero bloquear los corredores viales del único sistema de transporte masivo de nuestra metrópoli de caricatura y joder a millón y medio de trabajadores, estudiantes, amas de casa, niños y ancianos dizque porque en lo corrido del año han asesinado a ocho taxistas (cuántos asesinatos, secuestros, robos, violaciones, extorsiones, atracos y paseos millonarios se han hecho desde taxis comunes y corrientes que hoy están bloqueando vías, pregunto yo), es una flagrante muestra de terrorismo y profunda intolerancia.

Y como con lo único que no se puede ser tolerante es con la intolerancia (ley del talión en el contexto de la administración pública), al tema yo le metería tanquetas y lacrimógenos, pero entonces algunos me dirían que soy un facho. Y entonces prefiero que Dios mantenga el poder público bien lejos de mis manos.

Autoengaño

Saturday, July 21st, 2007

En momentos como este no puedo más que darle gracias a Dios por no haber sido artista y por no cargar sobre mis hombros la presión de un empresario, una editorial o una disquera. Sí, estoy pasando por una maldita crisis creativa, pero para mi tranquilidad, no estoy obligado a complacer las dinámicas del mercado ni a ceñirme a menudencias contractuales. Nadie me va a demandar por no tener absolutamente nada qué decir.

Pero, ¡maldita sea!… a pesar de esa certeza, no consigo evitar sentirme culpable.

De regreso

Sunday, July 15th, 2007

No estaba muerto, andaba de parranda. O en honor a la exactitud, andaba de paseo. Y como todo en esta vida tiene un final (en especial lo bueno), aquí estoy de regreso. El paseo se acabó. Gracias a los que se reportaron durante mi corta ausencia. Muchas gracias a los que incluso llegaron al punto de preocuparse por mi paradero. Bueno, en realidad no fueron muchos los preocupados. De hecho, el preocupado sólo fue UNO. Pero con su preocupación me basta y me sobra. No en vano este personaje ha ido convirtiéndose para mí y mi familia en una especie de ángel de la guarda que nos cuida a la distancia. Un abrazo para él. Que sus alas sigan creciendo como lo han venido haciendo de unos meses para acá.

Además de las setecientas veinticuatro ronchas que hoy luce mi piel chamuscada, este corto periplo por la segunda ciudad más grande de Cundinamarca (y puedo jurar que una de las más calientes del mundo) me dejó una conclusión que por estos días me roba el sueño y que quisiera compartir con los lectores de este blogsito:

La batalla que durante tres años he venido librando contra mis papás y mis suegros por el amor de mi hijo la tengo absolutamente perdida. Es oficial.

Asumir la ingrata investidura de figura de autoridad terminó por desequilibrar la balanza en mi contra ante el afecto irrestricto, incondicional y permisivo de los abuelos, padres suplentes que pueden darse el lujo de decir a todo “SÍ” mientras que yo, en mi condición de padre titular, no tengo más remedio que lanzarle a mi retoño uno que otro “NO” ocasional. -“NO te metes a la piscina hasta que no almuerces”; “NO te cambio el jugo de lulo por Coca-Cola”; “NO ves televisión hasta las once de la noche”; “NO te orines en la ropa”; “NO escupas”; “NO vomites”; “NO te metas los dedos en la nariz”; “NO grites”-. Por su lado, a los abuelos siempre les parecerá chistosísimo que su nieto deje el almuerzo empezado por zambullirse en el agua, o que eructe el gas de la Coca-Cola y se muera de la risa, o que lance un estruendoso “eso… ¡es vedá!” antes que el detector de mentiras de Jorge Alfredo Vargas, o que se dibuje un mapa con pipí en el fundillo del pantalón y se lo esconda con un cojín, o que escupa, vomite, se meta los dedos en la nariz y después grite. Todo eso que a uno como padre le aterra, a los ojos de los abuelos es un síntoma inequívoco de profunda inteligencia. –“¿Quén es e’ niño inteligente y hemosho que se hace pipí en’ os pantalones?”- Y Jacobo saca pecho y abraza al abuelo de turno. Y a mí se me brota esa vena en la frente mientras me mira desafiante y me hace ese gesto con las cejas que viene siendo como un “ahora sí regáñeme a ver si es tan macho…”.

Y es que, sin demeritar la labor de los abuelos que me tocaron, tengo la certeza de que nunca pusieron en riesgo la predilección afectiva por mis progenitores directos. A su favor, puedo decir que ellos no tuvieron más remedio que repartir sus cuidados y su amor en partes iguales entre más de una veintena de nietos más o menos contemporáneos. Eran otros tiempos. La planificación era pecado y los métodos anticonceptivos un mito urbano. Comprar condones resultaba casi tan bochornoso como lo podría ser hoy comprarse un vibrador o una muñeca inflable. Como si fuera poco, al no existir la televisión por cable, la gente mataba el aburrimiento teniendo hijos. En cambio hoy, mi único hijo tiene la enorme fortuna de disfrutar de la exclusividad del amor de sus abuelos maternos. El de los paternos, sólo lo comparte con Felipe y Miguel, sus dos primos. Y a menos que mi hermano y mi cuñada tomen cartas en el asunto, es poco probable que ese escenario cambie en el futuro cercano, ya que mi esposa y yo tenemos la fábrica cerrada por el momento. Como quien dice, estoy acabado. Tengo que conformarme con que mi hijo sólo salte a mis brazos cuando no tenga a sus abuelos cerca. Y con la infinita satisfacción de saber que entre tantas bendiciones, Dios le regaló los mejores abuelitos del mundo.

Cuarenta millones de secuestrados

Friday, July 6th, 2007

Este jueves, el país se manifestó masivamente por la liberación de los secuestrados en poder de los grupos narcoterroristas (FARC-EP principalmente). Aunque algunos estiman en poco más de tres mil la cifra de plagiados, yo sigo pensando que en Colombia los secuestrados somos cuarenta millones.


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Diez años de la vida

Wednesday, July 4th, 2007

Cosas que he hecho en los últimos diez años:

Trabajar como vendedor de tenis y comisionista inmobiliario, terminar mis estudios de arquitectura, obtener el título profesional, tomar un taller de arte en madera, matricularme en un curso de pintura, coger el cigarrillo, acampar en varios páramos y un desierto, recorrer medio país en flota o echando dedo, probar la marihuana, ir por primera vez donde las putas -y sólo mirar-, tocar en un festival de jazz, armar mi primer computador, aprender Autocad, comprar mi primer carro, abrir mi primera cuenta de correo electrónico, vivir con un amigo, vivir solo, aprender a cocinar, convertirme en profesor particular de diseño, estudiar esperanto, aprender a hacer muebles en cartón corrugado, organizar una exposición de arte, convertirme al budismo por un día, aprender a bailar salsa, sufrir mi primer despecho, sufrir el segundo, dejar el cigarrillo, aprender a pintar paredes, tomar un curso de ala delta y desertar antes del primer vuelo, inscribirme a un año de gimnasio, ir un mes, volver a coger el cigarrillo, conocer a la mujer de mi vida, enamorarme de ella, vivir con ella, aprender a hacer mercado, comprar bicicleta y volverme ciclista de domingo, emplearme en una constructora, extirparme las amígdalas, renunciar a la constructora, adoptar un perro callejero, casarme, dejar el cigarrillo, engendrar un hijo y verlo nacer, aprender a cambiarle los pañales, enseñarle a hablar, enseñarle a caminar y llevarlo de la mano a su primer día de clase, volver a coger el cigarrillo, montar una empresa, enderezarme el tabique, volvérmelo a torcer, comprar mi segundo carro, conocer a mi primer sobrino, conocer al segundo, convertirme en padrino, aprender inglés, olvidar el francés, escribir tres cuentos -uno de ellos aún inconcluso-, escribir dos canciones, montar un negocio de tortas navideñas, quebrarme con el negocio de tortas navideñas, abrir un blog, convertirme en columnista empírico, abrir un vlog, convertirme en videógrafo empírico, intentar rafting y escalada en roca -mismos resultados que con el ala delta-, conocer Venezuela, Panamá y Estados Unidos, vivir una temporada fuera del país, trabajar como diseñador de interiores, comprar mi tercer carro, sufrir una bancarrota y recuperarme, abrazar un delfín, comer cocodrilo, hacerme el tratamiento de ortodoncia, visitar una refinería de crudo y un barco petrolero, hacer la primera remodelación para un cliente, hacer la segunda, enterrar a mi mejor amigo, conocer gente buena, conocer gente regular, conocer gente mala, vivir la vida.

Cosas que ha hecho Pablo Moncayo en los últimos diez años:

Ninguna.

El cabo segundo Pablo Emilio Moncayo fue secuestrado hace diez años por las FARC-EP y desde entonces lo único que ha podido hacer es esperar el día en el que los cerdos que lo mantienen enjaulado y encadenado le devuelvan la vida y el derecho a existir.

El tiempo perdido… ese no se lo devolverá nadie. Tampoco a los otros tres mil secuestrados que de manera criminal mantienen las FARC-EP en sus campos de concentración.

Me verás volver

Monday, July 2nd, 2007

Soda Stereo

-”Primero regresa Police antes de que Soda vuelva a reunirse.” -

Eso me dijo el Gordo en una de las interminables tertulias musicales que solíamos sostener en esas noches de tragos en las que nuestros demás amigos debatían sobre el próximo campeón de la Eurocopa. Y ahora resulta que como en una cruel paradoja de la vida, menos de un año después de la muerte del Gordo, no sólo es oficial el regreso de The Police sino además el de Soda Stereo. Increíble, pero cierto. El regreso de las dos bandas que orquestaron los últimos veinte años de nuestra amistad se ha convertido en un tema particularmente sensible para mí, y esa es la primera razón por la que había preferido no pronunciarme al respecto en este blog o en las tertulias que dejaron de ser musicales porque de un tiempo para acá me quedé sin interlocutores. Pero Alberto, otro de mis grandes amigos, que vive en Buenos Aires y con quien además del afecto hacia el gran Space Cowboy comparto el culto por Soda Stereo, me ha pedido que rompa mi silencio. Y con su amabilísima solicitud, ha perdido validez la segunda razón que me llevó al autismo: la de que a nadie le importaría lo que yo tuviera que decir con respecto a la reunión del más importante, virtuoso e influyente grupo de rock en español de la historia. Y bueno, lo diré, así sólo Alberto esté interesado en saberlo.

Reencontrarme con Soda Stereo es reencontrarme con buena parte de mi vida juvenil. Con aquellos cassettes mal grabados que traficábamos en el colegio; con los logos de Soda garabateados en los libros de matemáticas y tallados en bajo relieve sobre el pupitre de madera; con las camisetas mal estampadas y desteñidas por el interminable ciclo lavar/poner/lavar/poner; con las largas jornadas de hambre consecuencia del ahorro de nuestras mesadas para la boleta del próximo concierto o del nuevo acetato; con los aerosoles disparados furtivamente contra alguna pared y con las pancartas enormes de idolatría impresa y confesa; con las amanecidas en la puerta de un hotel a la caza de un autógrafo que no se pudo conseguir y con la baqueta de Charly Alberty que en cambio sí se pudo conseguir a punta de patadas y puños y que aún hoy pende de dos hilos de nylon en la sala de mi apartamento; con la charladita telefónica de treinta segundos con Gustavo Cerati, por allá en el 91.

Recuerdo pocos días tan felices en mi vida como aquel en el que una amiga, por pura y física compasión, me lanzó un complaciente -”Dani, usted es como parecido a Cerati…”-. Jueputa, habían valido la pena tantos regaños de mi papá por el supuesto descuido de mi pelo, cuidadosamente desordenado en crespos que calcaba de una foto que guardaba de mi ídolo. Y entonces me volví músico, como Cerati, y tras varios años de súplicas mi mamá me compró una guitarra eléctrica parecida a la de Cerati, y empecé a componer canciones basadas en los acordes de Cerati, y aunque estaba a años de iniciar mi sexualidad escribía sobre mujeres que se desnudaban ante mí y me dejaban dormir entre sus piernas. Y después descubrí que el Gordo se creía Zeta Bosio y ahí fue que decidimos montar nuestra primera banda, en cuyo repertorio de diez canciones, ocho eran de Soda Stereo (y dos de The Police). Nunca encontramos a Charly Alberti.

Más allá de la opinión de aquellos que critican un regreso que se dio, según su opinión, por razones comerciales (aparte del conjunto de cuerdas de la iglesia de mi tío cura no conozco ningún músico profesional que no trabaje por plata), el regreso de Su Majestad me produce una gran emoción. Una emoción agridulce. Increíble volver a escuchar en vivo tantas, tantas, tantas canciones buenas, palpar la energía lúdica y hasta cierto punto ingenua de “Soda Stereo”, el sonido personal de “Nada Personal”, la elegancia británica de “Signos”, el brillo soul-pop de “Doble Vida”, el salvajismo eléctrico y básico de “Canción Animal”, la atmósfera oscura e industrial de “Dynamo” y el mundano confort de “Sueño Stereo”. Pero no dejo de pensar en lo infinítamente increíble que sería vivir el regreso de Soda junto a mi gran amigo el Gordo, que a diferencia de las grandes bandas de rock, se fue para nunca regresar.

La información oficial relacionada con el regreso de Soda puede consultarla aquí.

Jerusalem

Sunday, July 1st, 2007

Así lo parezca, no he dejado de lado un tema que mueve mi vida y que parcialmente motivó la creación de este blog: la música. Y en esta ocasión, quiero referirme a un artista relativamente nuevo en la escena del pop norteamericano, que emerge al estrellato para demostrar que los religiosos sí tienen un espacio en la música comercial más allá de los ridículos disquitos de villancicos mal cantados estilo Padre Chucho.

De raíces hebreas, Matisyahu nació en Pennsylvania (1979) y consagró su juventud al estudio de la música y del judaísmo. Hoy, su vida se reparte entre el reggae, el hip-hop, el dub, el new metal y el estudio de la Torá, de cuyos salmos se extrae la inspiración para las letras de esas canciones cargadas de fuerza, riqueza melódica y profunda espiritualidad.

Suena bien un mensaje de amor en momentos en los que el odio se pasea campante por el mundo.