El concierto y el desconcierto
Sunday, November 25th, 2007Muy bueno el concierto de Soda. No hay palabras que expresen la emoción que genera volver a ver en vivo a la más grande banda de rock en español de la historia, con su energía intacta y con su talento potenciado tras una década de separación. Hoy amanecí sin voz y escasamente he podido moverme. Mis treinta y tres años de poco atlética vida le están pasando cuenta de cobro a mi cuerpo por los abusos de ayer, por tanto canto desgarrado, tanto grito, tantas horas de pie y tanto salto frenético. Y bueno, por los tragos de más de la celebración post-concierto. Eso sí, tengo que decir que jamás había pagado tanto por ver un recital en televisión. Porque desde buena parte de la sección “PREFERENCIA” la visual sobre el escenario era parcial, y muchos no tuvimos más remedio que seguirle el rastro a Cerati, Zeta, Charly y Tweety a través de la pantalla gigante montada en el respaldo de la torre de sonido. Como suele ocurrir aquí en todo espectáculo público, la logística fue desastrosa y el caos la pauta común de todo el evento: organizadores desorganizados y más preocupados por posar y por hacer visita que por orientar a la turba, y policías inútiles más pendientes de corretear vendedores y revendedores que de mantener el orden y contener a los infaltables revoltosos. Pero más lamentable aún que no exista en la capital del país un escenario decente y acorde a este tipo de espectáculos, y que a los bogotanos nos sigan cobrando boleterías a precios astronómicos para que nos embutan en un cagadero de vacas sin la mínima especificación técnica necesaria para este tipo de eventos. Hace poco le escuché a un empresario que la mitad del valor de las entradas a cualquier espectáculo público corresponde a pago de impuestos. Esperaría uno que parte de este tributo se invirtiera en la construcción de escenarios y espacios para la cultura y el entretenimiento, o al menos en la recuperación de aquellos sumidos en el total abandono y/o cedidos en bandeja de plata al lucro de las mafias mesiánicas y carismáticas de la fe religiosa.
Sea como sea, ojalá que no deban pasar otros diez años para volver a ver al trío de la furia en vivo, así sea en un potrero. Creo que quedó bien claro quién es Su Majestad. Y sí, como dijo Cerati, la turba emocionada parecía un arbolito de navidad, verde como Colombia.




