No estoy seguro, pero creo que a María Calera la conocí en Primero de Bachillerato, hace unos veinte años, y le perdí el rastro hace 15, cuando salimos del colegio. Bueno, pensándolo bien, fueron 16 los años en los que estuvimos desconectados, pues nunca fui buen estudiante y perdí un año que ella aprobó con laureles. Por culpa de mis profesores de matemáticas, francés, historia, economía y biología, me gradué 365 días tarde. El hecho es que por esas casualidades de la vida nos reencontramos hace unas semanas, pues ambos decidimos inscribir a nuestros respectivos hijos en la institución en la que crecimos. Hoy en día, mi hijo y los de María son compañeros de colegio, y ella es la segunda columnista invitada en La Stulta Viro. Espero que la acojan con cariño: la prometedora carrera de una blogger en potencia está en sus manos.
Hace un tiempo, no muy lejano, mi hijo de 5 años me salió con este cuento, que me parece de antología…
Dice: Mamá, cómo te parece que tengo una novia.
Yo: Ah si? Y tú te le declaraste a ella o cómo fue la cosa?
No, ella vino y me dijo que como soy el más macho del colegio, según dicen las otras, pues que ella quería que yo fuera suyo.
Ahhh…el más macho? Y tú qué dijiste??
Pues que bueno… Y, mamá, qué quiere decir ser el más macho?
Pues mira, los más machos son los que al parecer son más fuertes, más grandotes, tienen más novias y…
Y son los que más se pelean y se meten en problemas?
Pues en general sí…
Y los bacanes?
Ah, pues los bacanes son gente muy tranquila, con amigos, que se toman la vida sin hacerse tantos problemas…
Y también tienen novias? Y también pelean?
Si, tienen novias. Pero no, generalmente no pelean. Por eso son unos bacanes, porque arreglan los problemas charlando y no a los puños.
Ahhhh…. Pues entonces desde ahora ya no quiero ser el más macho…! Mejor quiero ser el más bacano!
Unos días después, que llegaba la navidad (época con la que padezco cada fin de año), pensé que era buena idea (habráse visto mi ingenuidad…) ir a conseguirle un regalito a la «novia» de mi hijo. Resulté comprando, por un par de pesos, dos angelitos hechos en hoja de maíz que se llaman «mensajeros». Tienen debajo de las naguas un palito con un papelito enrollado, en donde quien regala escribe un mensaje y quien recibe lee y queda «prendado». Me parecieron muy boniticos, precisos para la ocación. Cómo iba yo a saber que me estaba equivocando tanto…! Mi hijo se esmeró muchísimo en escribir los mensajes: en un angelito escribió «Linda» con un corazón rojo y en el otro «Preciosa» con otro corazón. Juro por lo más sagrado que yo nisiquiera sugerí qué debía escribir en los dichosos papelitos… nada…
Luego marcó la bolsita del regalo, con un «Fulanita, nos vemos» y un dibujo de su princesa amada de pelo largo y estrellas a los lados… Todo un bacán, pensé yo… cruzado con Don Juan, por lo visto… qué raro! Me pareció muy tierno que con solo 5 años fuera capaz de tener tanto tino, de ser tan valiente para poner su corazón en un plato… y esperar con paciencia a ver si la susodicha quería llegar a comérselo a dentelladas… Al día siguiente metió en el bolsillo del delantal de cuadros el paquetico y se fue para el colegio, muy emocionado y a la espectativa de lo que sus ángeles iban a producir en el corazón de su amada.
Tenía discurso preparado, dijo que le iba a decir que eran ángeles para que la cuidaran mientras se iban de vacaciones… Vuelvo y repito, me impacta esa capacidad y valentía para exponer sus sentimientos ante la niña, ante las amigas, ante los demás… Un berraco!
Al recogerlo a mediodía le vi la carita triste. Carajo! Algo seguro salió mal con el regalo, fue lo primero que pensé. En efecto, tristemente mi hijo, que es un berraco, llegó malherido de su cacería… La pendejina novia le rechazó el regalo, delante de todas las amiguitas, argumentándole que los ángelitos parecían vampiros…!!! (esa no me la ví venir ni en un millón de años luz). Y que cómo podía ser tan descarado de regalarle eso en vez de un paquete de galletas… Pobre! Y él, decidido a terminar airoso de ese trance, trató de soltarle la explicación de los ángeles guardianes de las vacaciones, pero la muchachita salió corriendo y lo dejó ahí parado, con el paquete en las manos…
Sólo de imaginarme la escena se me encogió el corazón, me sentí terriblemente culpable! Claro que él, además de dar por terminado el noviazgo, se dio de inmediato a la tarea de “buscar otras niñas para darles los regalitos”, pero como no encontró a ninguna que viera en los malditos angelitos de m… algo diferente a un par de vampiros, pues terminó dándole un ángelito a su “mejor amigo” (el que lo mete en problemas disciplinarios) y él se quedó con el otro, para poder “jugar juntos a la guerra de vampiros”… PLOP!!!
Así fue entonces que terminaron él con un vampiro que decía «Linda» y su amigote con otro que decía «Preciosa»! Nunca me atreví a preguntar qué dijeron en la casa del amigo, al ver cuál había sido el «regalo de navidad» que le había dado el mío. Al final yo me sentí muy culpable de haber escogido un regalito tan «sofisticado» y de doble “perfil” para mi exnuera (o exnoera), pero mi hijo, con toda la paciencia que me tiene, me dijo “no mami, tranquila… no pasa nada… yo realmente estoy bien… ahora puedo jugar con Fulano a la guerra de vampiros!”…
Plop !
Y pensar que hasta ahora vamos en Prekinder…