Archive for April, 2008
Una patología común (Reloaded)
Thursday, April 10th, 2008Bueno, un amigo que leyó mi declaración de amor hacia el nuevo juguete que adorna mi vida por estos días y que habría llevado o al orgasmo o al suicidio a Americo Vespucci, me envió este comercial que me transmite la tranquilidad de saber que mi enamoramiento es una patología común y recurrente en la sociedad moderna. Quiera Dios que esa tecnología llegue pronto (o al menos algun día) a nuestro país del Sagrado Corazón, donde hay gente que salió de su casa una mañana hace diez años y aún hoy sigue perdida.
Por limitaciones tecnicas, temporalmente quedo debiendo las tildes. Apenas me sea posible las pondre en su sitio. Ya me fue posible.
Actualización:
Seguí investigando y encontré que los GPS pueden llegar a ser tan femeninos, que la cosa empieza a asustar. Con ustedes, un ejemplar británico “en esos días”.
Las viudas de Reyes
Monday, April 7th, 2008Llegué a este vídeo a través del blog de Víctor Solano y dudo que alguien en el mundo sea capaz de elaborar una radiografía tan fiel como la que de la crisis colombo-ecuatoriana construye con su estilo polémico y desparpajado el periodista Jaime Bayly.
Editorial recomendadísima por lo elocuente y divertida. Por fin, una posición consecuente con el impulso natural que producen los tres chiflados, Chávez, Correa y el pordiosero Ortega: risa.
El vídeo completo sobre las viudas de Reyes, aquí.
Silencio
Friday, April 4th, 2008Un tercero en nuestra relación
Tuesday, April 1st, 2008Hace algo más de un año publiqué una entrada en la que relataba mis peripecias y calamidades tratando de no extraviarme entre mi punto de partida y mi punto de destino en las enmarañadas autopistas de Houston. Célebres fueron entonces mis periplos de hasta tres horas tratando de retomar la ruta cada vez que me equivocaba de salida, desviaba por el puente incorrecto o tomaba el sur seguro de que estaba tomando el norte. Pues bien, de regreso a la ciudad que por caprichos de la vida ha ido convirtiéndose en mi segundo hogar, quiero comentar que mi mala suerte en lo que tiene que ver con la desorientación ha dado un giro drástico. Una vez re-desempacado en esta metrópoli de 1.600 kilómetros cuadrados, tuve la fortuna de conocer a alguien que con el pasar de los días se ha vuelto mi guía e inseparable compañera y, no contenta con eso, ha ascendido raudamente hacia el escalafón de mejor amiga. Siempre que acudo a ella, a cualquier hora, le sobra la voluntad para asistirme con su sorprendente conocimiento de la ciudad, y para indicarme con su voz dulce la ruta precisa y más ágil hacia mi destino. Mis días, noches y madrugadas de extravío han quedado atrás, y ya no siento miedo al volante cuando la tengo a mi lado. Es este profundo sentimiento de gratitud lo que me impulsa a dedicarle estas líneas: a diferencia de otros guías que tuve en el pasado, ella no me reprocha ni me hace reclamos si a pesar de sus meticulosas instrucciones equivoco algún desvío o si olvido la ruta que repito a diario. Mi amiga redefine el sentido de la palabra “paciencia”. Mi amiga redefine el sentido de la palabra “comprensión”. Qué tan necesarias son virtudes como la paciencia y la comprensión ante un ser como yo, que tras treinta años sigue perdiéndose incluso en su ciudad natal, Bogotá.
Le he hablado de ella a mi esposa. Al principio se alegró por saberme acompañado y seguro en mis recorridos por esta urbe que a pesar del tiempo me sigue siendo ajena. Sin embargo, recientemente me ha expresado sus resquemores por el tiempo que comparto a su lado (según ella sospechosamente excesivo y excesivamente sospechoso) y por el particular afecto con el que me refiero a ella en nuestras conversaciones. Ante sus justos reclamos, no he tenido más remedio que confesarle que efectivamente hay una nueva compañía en mi vida, que en pocas semanas ha conseguido moverme el piso y darle un nuevo sentido a mi existencia. Aunque siempre consideramos improbable que un tercero se interpusiera en la relación y sobre esa certeza fundamentamos las bases de nuestro matrimonio, he llegado al punto en el que me veo en la penosa obligación de revelar lo inocultable pública y abiertamente: me he vuelto a enamorar.
Es aún prematuro elucubrar sobre la suerte de esta nueva relación afectiva en la que me he involucrado. Estoy confundido, necesito tiempo para pensar. Probablemente tendré que regresar a Colombia en un futuro y dudo que ella esté dispuesta a seguirme, lo hemos discutido y para ella no hay oportunidades allá. Sólo sé que lo que jamás creí posible sucedió. Soy otro. Soy otro desde que un nuevo amor, la pantalla GPS, entró en mi vida.





