Veintiún mil millones de pesos ($21.000′000.000). Once millones de dólares (US$ 11′000.000). Siete millones de euros (€ 7′000.000). Esa fue la cifra que según información oficial de Coldeportes, contenida en su sitio en Internet, invirtió dicho organismo en la preparación (no se incluyen viáticos ni costos de desplazamiento) de los sesenta y ocho deportistas que por estos días representan a Colombia en los Juegos Olímpicos de Beijing, a desarrollarse hasta el próximo domingo. En el mismo portal, el ente compromete publicamente la entrega de incentivos por valor de doscientos veinte millones de pesos ($220′000.000) a los dos atletas que a la fecha han logrado obtener medallas, una de bronce y una de plata, para un gran total oficial de veintiún mil doscientos veinte millones de pesos ($21.220′000.000) dispensados a la fecha con motivo del mayor evento deportivo de la humanidad. La cifra extra-oficial, aquella que incluye las partidas presupuestales destinadas a corruptela, chanchullería, botellas de whiskey y turismo oficial, nunca se hará pública y queda a la imaginación particular.
Estas líneas no tienen por objeto analizar el desempeño deportivo de nuestra delegación, por cuanto es bien sabido que su autor sabe tanto de deporte como de cálculo vectorial. Pero mis pobrísimas habilidades matemáticas me permiten concluir que Coldeportes acaba de hacer el peor negocio de su historia, pagando con dinero de la teta del ordeñado hasta donde no más y empobrecido contribuyente un valor de once mil seiscientos diez millones de pesos ($11.610′000.000) por medalla, medallas que ni siquiera son de oro como para mandarlas fundir y recuperar algo de la inversión, sino de un latón ordinario que terminará exhibido en la estantería de alguno de los burócratas corruptos que administran la actividad deportiva en nuestro país o en la vitrina de alguna prendería, una vez que las glorias del deporte que las obtuvieron pasen al olvido y mueran de hambre en el absoluto abandono. Que la suma invertida por Colombia no es nada en comparación con lo invertido por potencias económicas y deportivas como Estados Unidos y China, argumentarán algunos. Lo cierto es que Cuba, país con inmensas limitaciones económicas y con una cuarta parte de la población de Colombia, acumula a la fecha once medallas, entre ellas una de oro, lo que le permite situarse en un honroso piso veintisiete dentro del escalafón general, contra un vergonzoso puesto cincuenta de la delegación nacional, que es superada de lejos por paisitos paupérrimos como Kenia, Etiopía o la actualmente invadida y arrasada Georgia.
Mis sinceras felicitaciones a los dos medallistas, sus entrenadores y sus familias, únicos colombianos con derecho a celebrar en medio de la ya tradicional vergonzosa participación colombiana en toda justa deportiva de talla internacional. Lo demás, se queda en pretexto para destapar la botella y embriagar la crudeza de nuestras miserias.
¡Salud!
“Aquí firmamos un documento junto a más de 50 países de Naciones Unidas según el cual el deporte es una herramienta de la paz. Colombia ha hecho de la actividad muscular un instrumento de paz”
Everth Bustamante - Director de Coldeportes
Me pregunto si no habría sido más beneficioso para el propósito de la paz invertir esos veintiún mil millones en recuperación de escuelas, parques o escenarios deportivos. Queda claro por qué seguimos en guerra.