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Archive for December, 2008

Dolor de patria en dos episodios

Wednesday, December 10th, 2008

Esta noche, viendo por Internet los titulares de un noticiero colombiano, entendí que en mi país la violencia más criminal no la despliegan los terroristas de izquierda, derecha o centro, las bandas de sicarios, las pandillas, los grupos de limpieza social, la delincuencia común o las barras bravas de nuestro desarrapado fútbol. La violencia más despiadada y salvaje, la que más vejámenes, sosobra e injusticia social genera en Colombia, la produce el estado mismo. No, no me refiero a los “falsos positivos”, ni a las desapariciones y ejecuciones extra-juicio, ni a las masacres selectivas acometidas por nuestra fuerza pública, ni a los magnicidios orquestados por presidentes en proceso de incubación. Me refiero a una forma de violencia aún más vil y sanguinaria, que se ejerce taimada y solapadamente contra un pueblo entero, en especial los menos favorecidos.

Esta es la historia de un profundo dolor de patria en dos episodios.

Episodio 1: La cruda lógica ilógica del mercado.

En Houston, ciudad donde resido, el galón de gasolina se pagaba a 4 dólares por galón hace dos meses. Anoche, mi esposa pagó 1.75 dólares por galón y llenó el tanque con lo que antes a duras penas le metíamos lo de la semana. Volvió feliz a la casa, con dos bolsas llenas de comida y hasta cerveza. Vale la pena anotar que cerveza en mi nevera es un claro indicador de bienestar financiero. El comportamiento del precio del combustible, así parezca fruto de un milagro, responde a la más elemental lógica: la gasolina se obtiene de la refinación del crudo, por lo que cuando la cotización del crudo cae, el valor de la gasolina no debería tener opción diferente a caer. En efecto, así ocurre en buena parte del mundo. En Colombia, sin embargo, aunque en la bolsa el barril de petróleo alcance su nivel más bajo en años, los mafiosos que fijan el precio de la gasolina lo mantienen inmóvil jodiendo al transportador, al comerciante, al empleado, al gerente y a la madre cabeza de familia. Bajar la gasolina en simple acatamiento al comportamiento del mercado podría volver a poner en un punto accesible el valor de la bolsa de leche o la libra de carne que millones de familias no pudieron volver a comprar desde la última alza de combustible.  Sin embargo en el mío, el país más feliz del mundo,  la lógica perversa de nuestros mal-gobernantes dicta que cuando el crudo sube la gasolina sube, pero cuando el crudo baja la gasolina también sube y si estamos de buenas se queda igual y entonces hay que darles las gracias y volver a votar por ellos. Me da pena con Alvarito, en cuya defensa tantas veces me he mechoneado y dado en la jeta, pero esto se llama violencia de estado. Y pensándolo bien, violencia es un piropo. El despotismo con el que se le clavan con disimulo más y más impuestos a los colombianos no puede llamarse de manera diferente a simple y vulgar terrorismo de estado. Sigámosle echando leña a la hoguera en la que arde este país condenado a una guerra eterna.

Episodio 2: Es mejor ser malo que bueno.

Esta es la tapa. Hoy, un pelafustán que no merece apelativo diferente al de hijo de puta y que como las ratas gordas que abundan en Colombia no tiene nombre sino “alias” y su alias es Isaza, se fue con pasaje sin retorno pagado con los impuestos de esa gasolina que nunca baja a empezar una nueva y maravillosa vida junto a su manceba en la ciudad luz, París. Este, el sueño de cristal de cualquier colombiano honrado y trabajador (me incluyo), se le acaba de hacer realidad a esta cucaracha como reconocimiento del estado a su sobresaliente carrera de asesino, sembrador de minas mutila-niños, extorsionista, terrorista, ladrón, torturador, narcotraficante y secuestrador. Resulta que a último minuto y tras ejercer por años y años como verdugo honorario en un campo de concentración, Isaza decidió que en vez de “muñequiar” a un secuestrado que tenía bajo custodia mejor le iba ayudándolo a escapar para luego presentarlo como trofeo ante las autoridades y, paso seguido, terminar convertido en héroe nacional, símbolo patrio y modelo de conducta. Casi un Juanes, mejor dicho. El mensaje quedó claro: trabaje toda su vida como esclavo para sobrevivir, cuélguese en una cuota del pago de la casa y llega el estado a sacarlo a la calle a la fuerza y a darle trato de delincuente. Oponga resistencia al desalojo y lo sindican de terrorismo y lo guardan cuarenta años. La otra alternativa es que se vuelva hampón y caza recompensas de su propio crimen y verá que nuestro estado mafioso le otorga la Cruz de Boyacá, beca, casa, pasaporte y pasajes para que empiece una nueva vida en el viejo mundo. Díganme si esto no es también terrorismo de estado.

Apague y vámonos.

Un Bonham en la familia

Sunday, December 7th, 2008

Muchas personas consagran parte de su vida a tratar de descubrir para qué son buenas. A algunos la vida sencillamente se les va y jamás logran averiguarlo. Otros nacen, envejecen y mueren sin siquiera preguntárselo. En mi caso personal, llevo treinta y cuatro años intentando sobresalir en algo, destacarme en cualquier arte, ciencia o disciplina, pero jamás he conseguido librarme del fantasma de la mediocridad. Prefiero abandonar y desistir antes de sentirme mediocre, siendo que la renuncia es quizás la más latente manifestación de medianía. Y aunque siento que mi vida debería transcurrir bajo el spot y no tras bambalinas, y a pesar de que llevo tres décadas intentando no volverme una persona ordinaria, no he conseguido dejar de sentirme como un carga-cables en el gran espectáculo de la vida. Sé que es cuestión de tiempo, no pierdo la fe, sigo esperando esa señal que me indique dónde se oculta aquello en lo que seré excepcionalmente bueno y no regular o apenas sobresaliente, para entonces poderle asegurar a mi vida un destino final mucho más digno que una lápida de piedra.

Todos estos sentimientos se me vinieron a la mente ayer en la recién inaugurada sección de instrumentos musicales de Best Buy, que viene siendo algo así como el mismísimo paraíso geek, un almacén de tecnología por departamentos al que alguien como yo podría entrar con un millón de dólares en el bolsillo y aún así salir con antojos insatisfechos. Espero no sonar machista al afirmar que Best Buy es al macho promedio lo que un outlet de Victoria’s Secret a la hembra promedio. El hecho es que Jacobo, quien jamás había tenido contacto físico con una batería, corrió enloquecido hacia la primera que vio, una Tama rojo sangre con dos toms de aire, uno de piso y dos platillos, tomó las baquetas con absoluta destreza, se sentó en posición perfecta con el redoblante entre las piernas y un pie estirado en cada pedal, y estremeció el lugar con un solo de percusión que dejaría pálido a John Bonham. –“¡Tómale una foto!”- atinó a decir Andrea, mientras la gente miraba y comentaba alrededor. Una a una, Jacobo fue probando todas las baterías en exhibición, castigando los tambores con furia y azotando los platillos con rabia, como sólo los buenos percusionistas de rock saben hacer. –“Papi, ¿me llevas otra vez al sitio de las baterías?”- me dijo esta mañana. Y hoy quedé incluso más impresionado que ayer. Que sí, que uno siempre sobredimensiona las capacidades de los hijos, es cierto. No voy a negar que varias veces lo he tratado de hacer parecer mejor ciclista de lo que es, mejor corredor de lo que es, mejor dibujante de lo que es (aunque sigo insistiendo en que dibuja mejor que el promedio de los niños de su edad). Pero este asunto de la batería es otra cosa: fui rockero en mis años mozos, tomé algunas lecciones de batería, tuve y aún tengo muchos amigos bateristas y puedo asegurar que independientemente de que sea mi hijo, Jacobo tiene una conexión especial con los tambores. Les pega con rabia, y eso me gusta. Tiene ritmo, mucho ritmo, y tras un sencilla instrucción ya hoy logró independizar el movimiento de pies y manos. Uno de los vendedores se acercó y se ofreció a dictarle clases.

Por un precio no muy superior al de una consola de videojuegos, estamos considerando seriamente echarle Liquid Paper a la lista de regalos del Niño Dios. Y que los vecinos no se preocupen, las baterías ahora son digitales, caben en una maleta grande y tienen entrada para audífonos.